Tengo una historia

No me gusta llamar cuentos a lo que escribo. Son demasiado largos para cuentos, demasiado cortos para novelas. No sé. Y tampoco me interesa.

Simplemente sigo el hilo, a ver dónde me lleva. A veces, no lleva a sitios bonitos.

He pensado que lo mío es la novela rosa. Pero a veces, a mitad se vuelve negra. Y en la mayoría de los casos, verde. Además, creo que no doy la talla.

Alrededor de los veinte tuve un pensamiento atroz: pensé que era demasiado mayor para seguir escribiendo gilipolleces. Tal vez debía encontrar un hobby adulto, como construir barcos, coleccionar minerales, aprender a hacer ganchillo… no sé. Evidentemente, pronto deseché tan estúpida idea. Me la suda e incluso me repele todo ese tipo de actividad.

Tampoco tengo tanta cultura como para escribir cosas sesudas, con datos históricos, referentes reales… y no me avergüenza reconocerlo. Porque reconocerlo es el primer paso.Sigo aprendiendo sobre la marcha, y espero convertirme en una persona cultivada. Eso sí, soy buena investigadora. Conseguí escribir una historia ambientada en Inglaterra y Escocia, sin haber estado allí en la vida, con bastante fidelidad a lugares reales. Y armada de un mapa de carreteras, pude hasta señalar una especie de road-movie, escrita. Una tiene que reconocer sus méritos.

Después de mucho pensar, lo que he llegado a comprender es que necesito escribir para hallar finales felices, sentimientos hermosos, malos pensamientos, descubrir atrocidades que no son irremediables. En una palabra: escapar. Y manipular. Manipular a mis personajes como si fuesen marionetas. Yo de niña, ya inventé Gran Hermano antes de que existiera: soñaba con tener en una caja un ser humano de no más de diez centímetros de alto para ver cómo vivía, qué hacía, si me tendría miedo. Y al final, ser amigos. Sería buena gente, no como esa panda de pelagatos televisivos. Pero ya de pequeña me encantaba manipular. Y cuando crecí un poco, creé mis propios seres y los encerré en libretas y libretas que colecciono casi a cientos.

¿Soy una mala persona? No, creo que no. Tal vez, un monstruo vanidoso.

Tengo una historia horrenda, tanto que puede herir susceptibilidades: dos hermanos gemelos se enamoran el uno del otro. Tremendo. Pero es preciosa, tierna, tratada con realismo casi gráfico. Y me provoca problemas de catadura moral. ¿Dónde está el límite? No lo sé. A medida que me hago vieja, me doy más miedo. Porque los seres de la cajita, cada vez hacen cosas más raras.

Quien me entienda, que me compre.

 

 

~ por siyopudieraytuquisieras en 19 Agosto 2008.

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