16 dic 2009
by siyopudieraytuquisieras
in Se encuentra bien: está narrando
Etiquetas: amistad, bar, bares, café, charla, cigarrillos, cristales, cristales empañados, cuento, frío, invierno, lluvia, mirada, narración, nostalgia, recuerdo, relato, tabaco
Ahora que van a prohibir fumar en los bares, es previsible que cambien muchas costumbres. Esto, será bueno para nuestra salud, pero acabará con la vida social de algunos, y desfigurará brutalmente uno de mis mitos más bohemios: pasar una tarde de invierno en un pequeño bar, de charla, sin prisa, con café y cigarrillo tras cigarrillo.
Este pequeño relato va dedicado a tod@s aquello@s, que, como yo, han pasado tardes memorables de charla sobre una mesa con tapa de mármol, en las cuales se ha discutido sobre lo divino y lo humano, tardes que guardan buenos recuerdos, mientras el frío hace estragos afuera…
Como dice Carlos González “ De lo ilimitado del sueño nacen las más maravillosas realidades”, así que con cigarrillos o sin ellos, espero que aún me aguarden muchas tardes de estas de las cuales os hablo.
LA TARDE QUE NUNCA TUVIMOS.
“En la tarde que nunca tuvimos, tú me esperabas tras unos cristales velados de vaho de calor humano. Aún no habías decidido si estabas medio escondido o te mostrabas tímidamente. Aún no sabías si querías estar allí o no.
Entre tus dedos se te ofrecía un viejo libro de tapas gastadas y hojas amarillas, y tu mirada se perdía entre las letras.
La tarde que nunca tuvimos, era fría y oscura. Era un momento perdido en el tiempo, robado al frenesí que nos acoge.
La vieja madera de las sillas había acogido ya a muchos antes que a nosotros, y conocían de sobra el final de la tarde que nunca tuvimos, un final que tú y yo nunca sabremos.
Nuestras bocas hablaban sin medir las palabras, sobre las historia de las páginas viejas. La conversación que no se oía, era la que nos comunicaba.
La tarde que nunca tuvimos, sabía a café y a tabaco, olía a humo y a brasas. La tarde que nunca tuvimos fue eterna y efímera, dolía y aliviaba., plagada del recuerdo de estrellas y deseos.
La tarde que nunca tuvimos, la han tenido tantos otros tan parecida… pero nunca igual.
En la tarde que nunca tuvimos, hubo música para cantar, recuerdos que traer de nuevo, secretos que revelar.
La tarde que nunca tuvimos se enganchó en tu ropa y en tus manos, se enredó en mi cabello y permaneció para siempre en nuestros iris.
En la tarde que nunca tuvimos el ojo de la cámara que nos miraba retrocedió despacio, salvó el cristal velado y se alejó por la calle húmeda, dejándonos expuestos a otras miradas que nos quisieran ver.
Y allí quedamos tú y yo juntos, en la tarde que nunca tuvimos.”

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