MILENA JESENSKÁ

 

17-11-2001] Por Eva Manethová
“Milena Jesenská nació en 1896, pero era una personalidad tan original y fuera de lo común que aún hoy en día chocaría con las convenciones sociales.
A esta hija de un catedrático de Medicina no le faltaban antepasados dotados de una vigorosa personalidad. Su padre, un extravagante dandy praguense, se enorgullecía de ser descendiente del célebre Juan Jessenius, rector de la Universidad Carolina a principios del siglo 17 y médico de cabecera del emperador Rodolfo II. Jessenius, el primer médico en realizar en Praga una autopsia, fue ejecutado en Praga en 1621 por haber participado en una sublevación de los estamentos protestantes checos contra la Casa de los Habsburgo.
Las relaciones entre el autoritario padre Jesenský y su díscola hija Milena eran bastante difíciles, porque ambos eran seres de carácter borrascoso. Por un lado, el profesor Jesenský era un prestigioso médico, pero, por otro, también un aficionado a los juegos de azar y un marido y amante infiel. Y es paradójico que precisamente él haya tratado de inculcar a su hija los principios de la honestidad y la economía.Tarea perdida de antemano.
Milena Jesenská estudió en el liceo para muchachas “Minerva”.Sin embargo, este centro docente, donde reinaba un espíritu liberal y favorable a la emancipación femenina, no estaba en condiciones de disciplinar el apasionado carácter de Milena.
El profesor Jesenský deseaba que la joven siguiera sus huellas y estudiara Medicina. Milena se matriculó en la Universidad Carolina, pero al asistir a la primera autopsia se desmayó y acabó por huir de la Facultad de Medicina.
Milena se siente estupendamente en el legendario café literario praguense Arco donde se dan cita intelectuales judíos nacidos en Bohemia, pero que hablan y escriben en alemán: Franz Werfel, Max Brod y Franz Kafka. En el café Arco, Milena Jesenská conoce al funcionario de la banca, Ernst Pollak, del que se enamora perdidamente.
El chauvinista padre de Milena está fuera de sí: su hija se ha enamorado de un judío de habla alemana. Ante la furia paterna, Milena intenta suicidarse y después opta por un aborto clandestino. El padre Jesenský ya está harto y encierra a su hija en un sanatorio siquiátrico.
El profesor Jesenský no logró separar a Milena de Ernst Pollak y acabó por dar su consentimiento a la boda, pero bajo la condición de que la pareja viviera en Viena porque en Praga ya habían protagonizado más escándalos de la cuenta.
La pareja, habituada al derroche, disipó pronto la dote y el ajuar de la novia. Milena tuvo que dar clases de checo a las señoritas bien y cargar las maletas de los pasajeros en la estación de ferrocarril de Viena. Ernst Pollak, que pasaba la vida en los cafés vieneses, no tardó en traer al apartamento que compartía con Milena, a la atractiva Mici. Milena, que se consideraba progresista y enemiga de las convenciones sociales, aceptó la convivencia de los tres.
El matrimonio con Ernst Pollak era para Milena cada vez más doloroso y ella sentía que su autoestima mermaba más y más. Una mejoría se produjo cuando Milena empezó a escribir.Enviaba crónicas a periódicos praguenses y realizaba las primeras traducciones. Y fue precisamente la traducción la que la acercó a Franz Kafka.Al traducir sus cuentos, Milena Jesenská se dio cuenta de que Kafka era un gran escritor.
Milena Jesenská y Franz Kafka tenían rasgos comunes que propiciaban la atracción mutua, pero otras facetas de sus personalidades los separaban. Franz Kafka era un hombre prudente, cauteloso, estrictamente honesto… Milena Jesenská era una bohemia, disipadora y siempre dispuesta a violar las reglas con las que nunca se había identificado.
Los textos periodísticos de Milena Jesenská en el período de sus contactos con Franz Kafka, a principios de los años veinte, eran muy personales. Milena dijo una vez: “Todos mis artículos son cartas de amor”.
Cartas de amor a los lectores, y especialmente a uno de ellos -Franz Kafka- que seguía atentamente la producción periodística de Milena Jesenská y la apreciaba mucho.
El amor entre Franz Kafka y Milena Jesenská encontró su máxima expresión, sobre todo, en la correspondencia mutua. Los encuentros personales ya no eran tan felices. Después, el intercambio de cartas se suspendió durante meses.
Franz Kafka falleció de tuberculosis el 3 de junio de 1924. A Milena Jesenská no le sorprendió la muerte de su amigo porque ya lo había intuido.En una carta al escritor Max Brod, Jesenská había escrito todavía en vida de Kafka:
“Frank no tiene capacidad para vivir.Frank jamás podrá curarse.Es una persona obligada al ascetismo por su terrible lucidez, pureza e incapacidad de compromiso”.
A mediados de los veinte, Milena Jesenská se divorcia de Ernst Pollak y regresa a Praga donde se convierte en una estrella periodística en ascenso.Publica sus artículos en prestigiosos periódicos como Národní Politika y Lidové Noviny. Trabaja para la renombrada editorial Topic y traduce.
Milena Jesenská se casa con el arquitecto vanguardista Jan Krejcar, un comunista de salón, al igual que Milena. El matrimonio no dura mucho. La pareja se divorcia en 1934.
Para Milena, que mientras tanto se había hecho adicta a la morfina, comenzó una dura década. Jesenská empezó a colaborar con la prensa comunista, pero este trabajo no duró mucho tiempo debido a que la periodista no estaba dispuesta a reconocer la justeza de los monstruosos procesos montados por Stalin.
Milena pudo finalmente demostrar sus dotes periodísticos en la prestigiosa revista Prítomnost. Sus reportajes, artículos y reflexiones publicados en Prítomnost eran de lo mejor que crearía el periodismo checoslovaco de preguerra.
Entretanto, Milena Jesenská ayudaba a los refugiados alemanes, huidos de Hitler. Tras la ocupación de las tierras checas por las tropas nazis el 15 de marzo de 1939, Milena se sumó a la lucha clandestina contra los ocupantes. Fue detenida por la Gestapo en noviembre de 1939 y recluída en el campo de concentración de Rawensbruck.
Demacrada, aquejada de artritis y un doloroso eczema, en el campo de concentración Milena Jesenská contrae una grave enfermedad renal y fallece el 17 de mayo de 1944.
Los nazis arrojaron sus cenizas a un lago vecino a Rawensbruck.”

 
Esta mañana, camino del trabajo, iba escuchando la radio y oí su historia. Lo que más me ha llamado la atención de la, hasta ahora, desconocida para mí Milena, fue su espíritu libre. Al margen de juzgar si es un ejemplo a seguir o no, lo que hay que reconocerle, es que era una mujer que dejó huella, y a pesar de haber entrado en la órbita de Kafka, brilla con luz propia.

 

Big Dig, operación bikini y misoginia.

Desde luego, vivir mata. De hecho, la principal causa de mortalidad y morbilidad, aunque no aparezca en ninguna estadística, es estar vivos y vivas. A priori, esta obviedad, es algo que se olvida totalmente por cualquier bicho viviente. Supongo que si estuviéramos pensando en ello todo el día, acabaríamos tarados.
Esta  reflexión, ha venido a mí, a lo largo de una cadena interminable de pensamientos, desde que el otro día, agarré el kit de belleza de inicio de primavera. Sí, no busquen lógica. Mi mente funciona así.
Pensé en cuando era niña, rosadita y suave. En la poca falta que me hacía la cosmética, y lo imprescindible que resulta ahora. Como decía la protagonista de “La hija del Caníbal” de Rosa Montero, cuando expone frente a sí todo un muestrario de cosmética, que tiene que arrastrar allá a donde vaya “crecepelo para la cabeza, matapelo para el bigote”. Hasta ahí, todo normal. Cuando una es una niña, o un niño, un poco de jabón, y como mucho una colonia fresquita, sobra y basta. A medida que crecemos, adquirimos una serie de características absolutamente normales, que nos empeñamos en corregir, ocultar y manipular, como mutaciones genéticas. Ya que creemos firmemente que lo somos. Y no queremos ni pensar en lo que vendrá, como la protagonista de una agresiva campaña publicitaria de crema facial, que decía “¿De verdad se me ve tan envejecida? No, esto no me pasará a mí”.

Leemos una revista, o vemos a alguien por la tele, y pensamos: “Fulanita tiene la misma edad que yo”. Luego, entras al baño a hacer un pis, y topas en el espejo con la imagen de una mujer de la misma edad que la que sale en la foto o en la tele, y que ni de coña se parece. ¿Porqué no tengo esa tersura, esa figura, esa firmeza, esos colores de cara, ese pelo tan estupendo? He aquí la bifurcación de la especie: el fantasma de la mutación, la madre de la operación bikini… se oye de fondo el rechinar de dientes de los cirujanos plásticos, como presagio del fin del mundo…  Hay dos especies: la que sale en la foto, y la que saludas todas las mañanas en el cuarto de baño. Y ¿quién no querría ser como la de la foto? Desde luego tiene mucho mejor aspecto. Y seguro que liga más. Y seguro que es más feliz, y la gente la quiere más, y tiene un trabajo mejor, y… (y aquí es cuando la gente empieza a desbarrar pero… ¿me equivoco?). Salimos a la calle pensando en que deberíamos ir por el subsuelo en lugar de por la acera, para no insultar a la raza humana con nuestra sola presencia… Si no tuviéramos terror a que nos echaran del trabajo o a no aprobar los estudios, o a no cumplir con nuestras obligaciones, sean las que sean, nos quedaríamos debajo de las mantas, escondiéndonos como el protagonista de “La metamorfosis” de Kafka, con el que empezamos a sentir cierta afinidad…

Si una tiene cierta edad, o ciertas entendederas, hace lo que puede con su aspecto y si está muy depre, se da un capricho. Se tira a la espalda la frustración, y en un rato, se le ha olvidado hasta la próxima. Si una es demasiado joven o no riega bien, o simplemente la presión es demasiado fuerte, se puede hundir en la miseria. Y a base de bien. Las princesas Ana y Mía, tienen oído de superhéroe, el rechinar de dientes de los cirujanos plásticos ahora es una carcajada siniestra, y las miles de armas para luchar contra lo que somos se presentan como la vía de la salvación hacia…?

Que somos gilipollas (los humanos en general), no es nada nuevo. Para muestra un botón: “¡Al diablo con la genética!” es el lema de Tracy Anderson, entrenadora personal de la cantante Madonna, responsable de su aspecto fibroso en plena madurez, mientras sale en unas fotos en un suplemento dominical, saliendo del gimnasio, con unas pintas que ya ya… Que sin Photoshop, no somos nadie, señoras…
Por cierto, que en el mismo artículo se dice, que hasta las lozanas muchachas, que a las ciudadanas de a pie se nos antojaban apariciones celestiales, de los anuncios de una conocida marca de cosméticos que aboga “por la belleza real”, también han pasado por el todopoderoso Photoshop. No somos nadie.

Y lo peor es que por mucho que nos intentemos consolar, o incluso seamos capaces de reírnos de todo eso, de ser como somos, de cuidar nuestra salud, nuestra higiene y nuestra imagen dentro de unos límites razonables, siempre habrá alguien que nos recordará (y nos reprochará) que no somos como la modelo de la revista (¡sabiendo perfectamente que esa mujer no existe! ¡que está generada casi en su totalidad por ordenador!). Cuando un hombre quiere insultar a una mujer (no entraremos en el contexto en el que ocurre), la llama gorda. Si, si, es así… es así: tajante, corto, y destinado a hacer mucho daño. Porque dentro de esa palabrita tan corta, se concentra tal cantidad de maldad que sirve perfectamente al propósito de un insulto, que es hacer daño. No voy a pararme a explicar porqué duele tanto. Estoy segura de que todo el mundo lo comprende a la perfección. Recientemente, participé en un foro de internet en el que abundan los machos ibéricos, en el cual entro porque me rio muchísimo, ya que aparte de homínidos prehistóricos, hay algunos graciosos. Me dio por participar en un hilo en el que un hombre, totalmente ajeno a la problemática de la conciliación de la vida familiar y laboral, soltaba sapos y culebras sobre una compañera embarazada. Yo fui una de las que (con los pocos datos que daba) defendió a la mujer. Y recibí mi primer mensaje privado desde que participaba en el foro, que decía algo así como: “Ahora vas y me denuncias, gorda, jajajajaj” (sí, si, con risas incluídas)… Maticemos que no tengo el gusto de conocer a este “señor”, y por ende él a mí tampoco. Con lo cual, mi anatomía le es completamente ajena. No sabe si ando cerca de los 50 kg o de los 200. Pero usó el insulto como bandera de la misoginia que sin duda padece, con auténtico afán de hacerme partícipe del pago de la igualdad entre hombres y mujeres. (Aparte de demostrar escasos recursos ligüísticos pero ¿qué quieren? es que vaya sitio en el que voy a postear…). Le respondí que en realidad lo que le pasaba es que tenía miedo de perder su puesto de trabajo por la protección a la trabajadora embarazada (en realidad lo dije en su idioma “estás cagaoooo, jajajaja”… y acompañé de un simpático smiley que se dedica a sodomizar sin descanso a otro, para que entendiera que está jodido…). No me volvió a contestar… no sé…

Esta mañana, veía en televisión, mientras me despegaba las legañas, un reportaje muy bueno sobre el “Big Dig”, una construcción faraónica, con treinta años de proyecto y doce de realización efectiva, plagada de problemas que tuvieron que resolverse sobre la marcha, que se llevó a cabo en la ciudad de Boston, Massachusetts. La obrita en cuestión, consistía en construír una autopista de diez carriles por el subsuelo de la ciudad, con el objetivo de soterrar el tráfico en una ciudad dividida por una calzada de varios carriles.Un trozo de la cual discurre debajo de un canal que enlaza con el puerto, ya que como ustedes saben, es una ciudad costera. Me fijé en los rostros de los hombres y las mujeres que salían: ingenieros, arquitectos, contratistas, constructores… gente que tiene un intelecto privilegiado como para poder agujerear una ciudad con infraestructuras de 300 años sin que se hunda. Eran rostros corrientes: de mediana edad, algunos con bigote, otros calvos, con canas la mayoría, con gafas, rechonchos o chupados (o te ajamonas o te amojamas…), pero sin duda, satisfechos de su gran obra. Satisfechos de su creación. No vacíos de contenido, sino todo lo contrario… Y pensé (mi lógica funciona así), que eso sí era digno de admiración y de respeto. Eso sí que era algo por lo que ser querido y admirado: un trabajo bien hecho, para la posteridad.

Que esto no va evitar que nadie se sienta mal por su pinta bastante alejada de  las fotos de las revistas, ya lo sé. Pero tenía que decirlo, como que me pesaba dentro.

Después de lavarme los dientes y peinarme, he decidido salir a la calle sin maquillar. A la porra.

 

Hasta la victoria siempre

Buenas tardes. Hoy, no me voy a enrrollar demasiado con la presentación, porque la frase que les presento hoy, me ha puesto de mala uva.

” EN LA LUCHA ENTRE UNO Y EL MUNDO, HAY QUE ESTAR DE PARTE DEL MUNDO”.

Franz Kafka.

 No soy estudiosa de Kafka. No tengo tanto nivel como para ello. Tengo una idea aproximada y seguro, insuficiente acerca de su obra, con lo cual, tal vez, no debería ni opinar sobre ésta cita, más que nada, porque tengo bastante educación como para no opinar sobre las cosas que desconozco. Pero haciendo una excepción, voy a permitirme el lujo, aunque sólo sea una vez. Supongo que por mi tono, habrán adivinado que la frase me repatea los higadillos. Probablemente, a causa de mi desconocimiento acerca de su obra y su pensamiento, me atreva a decir que no estoy de acuerdo, aunque por que estas palabras hayan sido dichas por un célebre escritor, no es un pecado decir que no me molan.

Habrán notado ustedes, si se acercan a mi rinconcito con alguna regularidad, que peco un poco de feminista. No mucho. Soy demasiado moderada como para ser radical, aunque la cabra tira al monte, y si alguien me pregunta, diré que lo soy, aunque las feministas opinen lo contrario. Más que el combativo término “feminista” me gustan más términos referidos a la feminidad un poco más suaves. En fin, que me voy por las ramas.

Todo este rollo sin duda viene influenciado por un estupendo libro que estoy leyendo y el cual, cosas de la vida, me ha amargado la tarde. Si sienten curiosidad, vayan a mi perfil y lo encontrarán con facilidad. Se llama “Maternidad y Creación” y está escrito por una fotógrafa llamada Moyra Davey. El caso es que llevo leyendo toda la tarde cosas que a las mujeres que somos madres nos duelen mucho, relacionadas con el hecho de perder la identidad cuando se tiene un hijo. El mundo ya no te ve como mujer, como humana femenina, como “hembra” si se me permite una expresión tan gráfica. Simplemente eres la mamá de… y eso a las mujeres, nos joroba mucho. No por el hecho de tener un hijo, por el que sin duda daríamos la vida, sino por el hecho de ser tratadas por el resto del mundo (personal médico incluído) como meros recipientes,  y después de dar a luz, se nos supone una candidez y un atontamiento tal, que si carecíamos de él antes del parto, vamos a seguir careciendo de él después. Lo sentimos, pero así está la cosa.

Sé que Kafka, no se refería a éste tema en concreto, que mi cabreo se debe a una conjunción de ideas dispares, que han sido asociadas de manera peculiar y personal, gracias a una coyuntura cultural de domingo tarde. Pero así está la cuestión. Uno@, tiene que luchar por lo que cree conveniente. Y desde luego, sin perder la solidaridad (quiero pensar que tal vez la cita iba por ahí, que se refería al no egoísmo para con los de tu especie y las otras especies).

El caso, es que si el mundo es el que está mal, si no nos acopla, ¿porqué no luchar contra él para mejorarlo? ¿Porqué estar de parte de algo si te trata mal o es injusto contigo? Me niego a aceptarlo. Ya es bastante que tengamos que tragar muchas veces con cosas que son dificilísimas de cambiar, como para rendirnos ya del todo. Que no se diga que no lo hemos intentado.

Y para alentar su espíritu combativo, les dejo con una famosísima cita de Ernesto “Che” Guevara que dice:

“HASTA LA VICTORIA SIEMPRE”.

Buenas tardes.

 

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