“Plataforma”
25 feb 2011 Dejar un comentario
in el primer capítulo Etiquetas: libros, literatura, Michel Houellebecq, Plataforma
“(…)pero ése no es el problema. No sirve de nada buscar las causas del fenómeno, suponiendo que tal expresión tenga algún sentido. Desde luego, algo pasa para que los occidentales ya no consigan acostarse juntos; quizás tenga algo que ver con el narcisismo, con el individualismo, con el culto al rendimiento, poco importa. El caso es que a partir de los veinticinco o treinta años a la gente no le resultan nada fáciles los encuentros sexuales nuevos; y si embargo siguen necesitándolos, es una necesidad que se desvanece muy despacio. Así que se pasan treinta años de su vida, casi toda su edad adulta, en un estado de carencia permanente.
Cuando uno está empapado de alcohol, justo antes de empezar a embrutecerse, a veces tiene instantes de aguda lucidez. El deterioro de la sexualidad en Occidente era sin duda, un fenómeno sociológico y masivo, y resultaba inútil intentar explicarlo mediante tal o cual factor psicológico individual; pero al mirar a Jean-Yves me di cuenta de que él ilustraba mi tesis a la perfección, tanto que casi me sentí incómodo. No solamente ya no follaba ni tenía tiempo de intentarlo, sino que en realidad y ni siquiera tenía ganas, y aún peor, sentía inscribirse en su cuerpo esta pérdida de vida, empezaba a percibir el olor de la muerte.”
Michel Houellebecq
“Plataforma”
No era ésta, pero me sirve.
30 dic 2008 Dejar un comentario
in Se encuentra bien: está narrando Etiquetas: escritor, librería, libros, musa
Como las palabras no acudían a él, decidió ir a buscarlas. Arduo asunto ese, el de perseguir a una musa huída, más aún, cuando podía haber tomado cualquier dirección, e incluso el autobús. Si tenía carné, igual había robado un coche…
Por el camino, iba repasando los nombres de todas ellas: Calíope, Clío, Melpómene, Talía, Euterpe, Polimnia, Erato, Urania, y la del nombre raro… Terpsícore. Era un buen ejercicio de memoria, pero por mucho que lo repitiera una y otra vez, las chicas se reían de él, y huían más lejos. La culpa, suya, claro, por intentar desafiar a tan vengativos seres… creídos y volubles.
Siempre hallaba consuelo en una librería. Allá donde ellas hubieran estado alguna vez, se podía percibir su perfume, su lírico rastro. Entre las páginas de cualquier libro, podía encontrar alguna frase, algún párrafo donde percibir un eco de su risa burlona y encantadora, una caricia de su presencia remota.
Y se dirigió a pie hacia su establecimiento favorito, a ver si veía a su musa, parada en un semáforo. Si la encontraba, el perdón sería inmediato. Lo tenía muy claro. Lo que fuera, con tal de provocar su vuelta.
Allí dentro, un centro comercial, un lugar, acogedor e inhóspito a partes iguales, se dirigió hacia la parte de librería del enorme recinto. En sus pasillos, perseguiría con obstinación los títulos de los libros, hasta dar con el que le diera el poder de convocar de nuevo a la musa adecuada, el que le proporcionara el arma de cercenar de una vez la cabeza del bloqueo paralizante.
Paseó sin descanso, aprendiéndose de memoria la posición de cada libro, hallando errores en la ordenación alfabética de los mismos, despiste de algún empleado. Rememoró pasajes que ya conocía y que tanta compañía le habían hecho en momentos cercanos a la locura por desesperación, por amor o por agobio… daba igual.
Absorto en encuadernaciones, en libros de bolsillo, en ediciones especiales, en miles de colores de las flamantes portadas, acabó exhausto. La cabeza embotada, las piernas doloridas y las gafas empañadas del calor. Se sentó en un pequeño banco, dispuesto a recuperarse en un momento para proseguir la búsqueda.
De repente, una voz sonó a sus espaldas. Una chica con chaleco verde y amarillo y un brillo especial en sus ojos, le dijo:
-¿Puedo ayudarle?
Él sonrió. En la chapa que lucía en su chaleco, relucía su nombre: Talía.

Escribir, otra vez
26 sep 2008 Dejar un comentario
in el primer capítulo Etiquetas: escribir, Gabriel García Márquez, lectura, libros
”Los escritores han gastado mucho las palabras. Han dicho muchas tonterías sobre la necesidad de escribir, sobre la vocación del escritor. Se siente la necesidad de escribir como se siente la necesidad de tomar agua. Uno siente sed. Es por épocas. Hay épocas en que no. Aunque yo creo que primero de verdad hay una vocación, después hay que aprenderlo”
Gabriel García Márquez
Lo que es la vida
21 ago 2008 Dejar un comentario
in el primer capítulo Etiquetas: exilio, familias, guerra civil, libros, memoria histórica, París, recuerdos infantiles
Estoy leyendo un libro… Vaya novedad entre la gente de por aquí, ¿no?. Apenas llevo unas páginas, pero es como si lo hubieran escrito basado en mi vida. Más que en mi vida, la vida de tantos españoles. Casi no tengo derecho ni a mencionarlo. Soy de la generación que va detrás de esa llamada X y que no tengo muy claro de qué palo van. Digamos que he vivido entre algodones.
El libro en cuestión (un boom en ventas de antes y durante este verano), relata una historia en la que se relata la vida de emigrantes españoles en Francia, después de la guerra, hasta la muerte de Franco. (Seguro que muchísimos de ustedes, ya saben cuál es). Mi familia fue emigrante en Francia, como la de tantos otros. Yo no he pisado Francia más que en una ocasión, y ni siquiera tuve oportunidad de bajarme del vehículo. Por eso digo que no tengo casi derecho a hablar del tema. Lo que me ha sorprendido, ha sido encontrar ciertas “raíces”, o cierto sentimiento de arraigo en la cuestión. Me explico: no sabía yo lo mucho que me importaba la memoria familiar hasta que el libro puso en contacto esos recuerdos infantiles con mi presente.
Me he dedicado por unos instantes, a recordar todas las historias que mi cerebro puede recordar, más bien sencillas anécdotas cotidianas, cargadas de sentimiento, que mi abuela me contaba de niña. Mi abuelo casi no hablaba. El paso por allí debió ser mucho más difícil para él, que no contaba con la fortaleza de su mujer. Eran historias que podían haber ocurrido tanto aquí como allí. Pero ocurrieron allí, en el París de la France. Anécdotas contadas en castellano, pensadas en francés. Siempre recordaré a mi abuela hablándome de los bombardeos de “La Pava”, que todos corrían en cuanto oían el zumbido del motor. Y después, historias de vecinas en la escalera de la que era portera en París. Hambre y miseria a punta de pala. Qué les voy a contar ¿no les suena?
No soy una gran estudiosa del tema. Siempre he pensado que en España nunca nos hemos curado del trauma, y lo digo con cierto cansancio, como el que oye una radial de fondo todo el día. Y en momentos así, me avergüenzo de mi postura, porque entiendo porqué España no está curada: porque hace cuatro días, como aquel que dice, que mi abuela me contaba de su vida en París. Porque hace cuatro días, como aquel que dice, que ella ya no está. Pero yo sigo aquí. Porque hace cuatro días, como aquel que dice, que acabó la guerra. Ahora entiendo porqué no podemos olvidar.












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