“Elena” Anaïs Nin (fragmento)

” Su primera discusión seria fue a causa del tiempo. Pierre le telefoneaba y le decía:

- Ven a mi apartamento hacia las ocho.

Ella tenía su propia llave. Iba y tomaba un libro. Él llegaba  a las nueve o bien la llamaba cuando ella estaba ya allí esperándolo y le decía: “Voy en seguida” y se presentaba dos horas más tarde. Una noche la hizo esperar demasiado tiempo (y la espera resultó tanto más penosa porque Elena lo imaginaba haciendo el amor con otra), y cuando Pierre llegó, ella ya se había marchado,  lo que le puso furioso. Pero no cambió de costumbres. En otra ocasión, ella se encerró y no le permitió entrar. Estaba de pie tras la puerta, escuchando y esperando que no se fuera, pues lamentaba que la noche se echara a perder. Pero no abrió, y él volvió a pulsar el timbre con mucha suavidad. Si lo hubiera hecho con ira, hubiera permanecido inmóvil, pero el toque fue suave, proio de una persona arrepentida, así que abrió la puerta. Elena todavía estaba furiosa. Él la deseaba, y su resistencia lo excitaba. Y a ella le entristecía el espectáculo de ese deseo.

Tuvo el presentimiento de que Pierre había provocado aquella escena. Cuanto más excitado se ponía, mayor era la indidferencia de Elena, que se cerró sexualmente. Pero la miel manaba de los cerrados labios y Pierre estaba en éxtasis. Se volvió más apasionado, obligándola, con sus fuertes piernas, a separar las rodillas, vaciándose en su interior con ímpetu, en un orgasmo de tremenda intensidad.

Mientras que en otras ocasiones si ella no sentía placer lo hubiera fingido para no herir a Pierre, esta vez no hubo disimulo alguno. Cuando la pasión de Pierre estuvo satisfecha, le preguntó a su compañera:

-¿Has sentido placer?

-No- respondió ella.

Él se sintió herido. Sintió toda la crueldad de su rechazo.

-Te quiero más de lo que tú me quieres- le dijo a Elena.

Pero sabía cuánto lo quería ella, y estaba confundida.

Más tarde, Elena yacía con los ojos abiertos por completo, pensando que la tardanza de Pierre era inocente. Él ya se había quedado dormido, como un niño, con los puños cerrados y el pelo en la boca de Elena. Seguía dormido cuando ella se marchó. En la calle, la invadió una oleada de ternura de tal intensidad que tuvo que regresar al apartamento. Se arrojó sobre él diciendo:
-He tenido que volver, he tenido que volver.
-Yo quería que volvieras- La tocó. Estaba muy muy húmeda. Mientras entraba y salía de ella, dijo:
- Me gusta ver cómo te hiero ahí, cómo te apuñalo ahí, en tu herida.
Y hurgaba en su interior, para arrancarle el espamo que ella había retenido.
Cuando lo dejó, se sentía dichosa ¿Puede el amor convertirse en un fuego que no quema, como el fuego de los santones hindúes? ¿Estaba aprendiendo a caminar, por arte de magia, sobre carbones encendidos?”

Elena

El Delta de Venus

Anaïs Nin

Henry Miller

Henry Valentine Miller, controvertido novelista estadounidense, disidente, anarquista y pacifista, uno de los talentos más destacados de la literatura norteamericana contemporánea, autor de las conocidas novelas “Trópico de Cáncer” y “Trópico de Capricornio”, nació el 26 de diciembre de 1891 en la ciudad de Nueva York.

Hijo de padres judíos, Henry Miller no tuvo unos estudios reglados. Su asistencia, en 1901, al City College sólo dura dos meses: lo abandona para emplearse en una fábrica de cemento. Continuó alternando periodos de estudio con periodos de trabajo mientras viajaba, de manera un tanto errática, por el sur de Estados Unidos. En 1914, vuelve a Nueva York y se empieza a trabajar en la sastrería de su padre. No duraría mucho tiempo, pues en 1923 realiza su primer viaje a Europa y en 1930 se instala en Francia, donde le pilla el estallido de la II Guerra Mundial. Es en esa época cuando decide dedicarse de lleno a la literatura, frecuentando los ambientes bohemios de París, pasando más hambre que frío y durmiendo debajo de un puente.

Pero pronto la suerte le sonreiría. Empezó a trabajar como corrector en el Chicago Tribune y, en 1931, escribe “Trópico de Cáncer” que, gracias a su amiga y amante Anaïs Nin, pudo ser publicado en 1934. Pero en su país (Estados Unidos), fue calificada de obscena y pornográfica, lo que le costó un proceso judicial. No fue hasta 1961, que los norteamericanos publicaron el libro, si bien ya se había leído pues el proceso le valió una popularidad que hizo que el mercado negro se encargara de distribuir generosamente el libro.

Continuará escribiendo novelas y en todas ellas trata sin tapujos, escenas de sexo explícito, en todas estigmatiza de manera irónica pero letal, el puritanismo existente en la sociedad americana y todas ellas fueron censuradas por obscenas en Estados Unidos. No obstante, todas serían distribuidas del mismo modo que la primera. Esto contribuye a fomentar su fama de escritor alternativo, inconformista, maestro de la revolución sexual y enemigo de los valores puritanos y la hipocresía moral.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, y debido al éxito que ya empieza a cosechar, se puede permitir trasladarse a vivir definitivamente a California. Sigue escribiendo una literatura socialmente crítica y en 1964 tras tres años de litigios, consigue que la Corte Suprema anule su proceso por escritor obsceno. Se levantó la prohibición sobre Trópico de Cáncer y la obra de Miller pudo ser publicada y distribuida de manera normal en los Estados Unidos.

Toda la fuerza que irradia la obra de Miller, se debe en parte, a que es autobiográfica y vivencial, expresada en un tono crudo y sensual, mostrando una filosofía de la vida absolutamente transgresora e irreverente.

Henry Miller murió el 7 de Junio de 1980. Fue incinerado y sus restos esparcidos sobre el Big Sur, zona de California situada entre Los Ángeles y San Francisco.

 

http://www.bibliofiloenmascarado.com/2009/12/27/efemerides-henry-miller/

 

Anaïs Nin

“Hace 107 años que nació Anaïs Nin, escritora francesa, que vivió casi toda su vida en Nueva York y terminó nacionalizándose estadounidense. Autora de novelas eróticas de estilo surrealista, rompió abiertamente con la literatura patriarcal y le dio una voz a la identidad femenina, aunque fue más conocida por sus “Diarios”, publicaciones en las que nos cuenta su vida y su entorno. Toda su obra constituye un desafío a su época.

Nació el 21 de febrero de 1903, en Neuilly, cerca de París. Hija de padres cubanos, éstos se separaron cuando Anaïs tenía 11 años.

Se fue a vivir a Nueva York con su madre y sus dos hermanos, pasando su infancia con su familia cubana y adquiriendo la nacionalidad estadounidense. El abandono de su padre hizo que se recluyera en sí misma y empezó a escribir un diario para protegerse de la realidad. Este diario, que no dejaría de escribir nunca, llegó a tener 35.000 páginas y fue publicado paulatinamente en varios tomos a mediados de los años 60. Con ellos adquiriría el reconocimiento definitivo como escritora.

En Nueva York asiste a escuelas católicas, pero nunca sería una buena practicante. Deja la escuela con 16 años, y encuentra trabajo como modelo y bailaora de flamenco.

Obsesionada con su padre, del que se creía enamorada, se inicia en el psicoanálisis con Otto Rank, uno de los primeros discípulos se Sigmun Freud, quien le sugiere que escriba para evitar esa obsesión.

En 1923 se casa en La Habana con un banquero neoyorquino, Hugh Guiler, y regresa a vivir a París. Allí escribiría su primer libro, un pequeño ensayo sobre DH Lawrence, escritor que a Anaïs le gustaba leer.

Vuelve a Nueva York y comienza a escribir una historia en la que vuelca sus inquietudes y las del mundo en que se desenvuelve, titulada “La casa del incesto”, pero debido al carácter controvertido de su novela no encuentra editorial para su publicación, por lo que ella misma, con una rústica imprenta, edita éste y otros escritos futuros.

Su pasión por la vida afecta también a sus relaciones amorosas. A pesar de estar casada, siempre se la conocieron amantes, pero sería con Henry Miller, un escritor desconocido en esa época, con quien trabaría una rara e indisoluble relación. La mujer de Miller, June Mansfield, estaba de viaje en París. Cuando June regresa a Nueva York, Anaïs siente una fuerte atracción por ella, que se ve correspondida y se convierten en amantes, transformando su relación en un exitoso triángulo amoroso.

También volvió a encontrarse con su padre, con quien tuvo una relación incestuosa.

A pesar de que sus novelas empezaban a ser reconocidas por público y crítica, ninguna editorial se atrevía con ellas por su alto contenido erótico, por lo que seguían siendo editadas con el propio dinero de la autora.

Junto con Henry Miller, y para sobrellevar una época de penuria económica, llegó a escribir por encargo de un lector anónimo, una serie de cortos relatos eróticos que cobraban a un dólar por página.

Fue la primera mujer occidental y una de las primeras en todo el mundo, que se atrevió a escribir y publicar relatos eróticos, que fueron recogidos primero en su libro “Delta de Venus”, en el que se aprecia una fuerte influencia del antiguo texto hindú Kama sutra, y después en “Pajaritos”. Antes de ella, la literatura erótica escrita por mujeres era muy escasa.

Pero al llegar los años 60, Anaïs se decide a publicar sus “Diarios”. Es en ese momento cuando le llega el éxito por aclamación popular e irrefutable. Su figura y su obra fue entonces reivindicada por las feministas, movimiento en pleno auge y se la considera pionera en el difícil campo la liberación femenina. Esto no quita para que se la reconociera como persona virtuosa y delicada, que mostró al mundo su “yo” más íntimo en sus diarios.

Estos “Diarios”, extremadamente sinceros, íntimos y personales, nos hablan de la vida que vivió y de la gente con la que se relacionó. Gente interesante e influyente relacionada con el mundo de la cultura, tanto su faceta literaria, como artística o incluso del campo de la psicológica. En los “Diarios” podemos observar la obsesión compulsiva por su padre, que les abandonó por una mujer más joven. También nos cuenta sin tapujos su vida licenciosa, o cómo estaba dolida por su poca aceptación como escritora en Norteamérica, sintiéndose ella norteamericana. Su diario era su único refugio personal, su único amigo al que hablaba con amor y sinceridad, desvistiendo su alma.

De algunos de estos “Diarios” hay dos versiones, pues en las primeras publicaciones se evita mencionar a determinas personas que aún vivían y podían sentir malestar por ello. Según iban falleciendo estas personas, se publicaban nuevas ediciones incluyendo la parte previamente censurada. Su esposo Hugo, expresó su deseo de no salir en ninguno de sus “Diarios”, por lo que no se le menciona en ningún momento.

Anaïs fue una persona narcisista, lo que la convertía realmente en alguien solitario. Sus amoríos pasaron por todos los posibles tipos de relación, desde el incesto hasta la homosexualidad, ninguna de ellas definitiva y duradera.

Aunque escribió mucho y de manera constante, Anaïs Nin conoció la fama casi al final de su vida. Pocos años después de publicarse sus diarios se la detectó un tumor de ovarios.

Anaïs murió en Los Angeles el 14 de enero de 1977, su cuerpo fue incinerado y sus cenizas fueron esparcidas sobre la Bahía de Santa Monica. Fue una mujer inadaptada, que no quiso o no supo vivir de manera ordinaria.”

 

http://www.bibliofiloenmascarado.com/2010/02/21/efemeride-semanal-anais-nin/

 

Acerca del sexo

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Y ahora que he logrado llamar vuestra atención… ja ja ja. Es broma. Realmente este post va a tratar sobre sexo.

Llevo escribiendo relatos eróticos con más o menos fortuna desde que tuve edad para empezar a hacerlo. No. Desde los dieciocho no. Un poco antes. Cuando la naturaleza llama a todo humano, como a todo bicho viviente.

Me he encontrado con relatos muy buenos. Relatos muy explícitos que tienen la virtud de no ser groseros ni desagradables en absoluto. Y eso me encanta. Me gusta la sutileza, me gusta el detalle cuidado, me gustan las ideas que se entremezclan y a la vez, derivan del puro acto en sí.

Guardo casi todos los relatos que he escrito en mi vida. En unos hay sexo, en otros no. No hay duda posible acerca de que me encanta la literatura erótica. Cierto es que el tiempo te da material para escribir y además proporciona técnica, puliendo detalles, aprendiendo metáforas para describir lo ya descrito miles de millones de veces, y crear algo nuevo, único, sobre un tema tratado desde todas las perspectivas posibles. Me río muchísimo cuando releo mis primeros escritos. Fallos garrafales que eran imposibles que se produjeran en la realidad. Yo aún era demasiado joven para saber algunas cosas, que sólo la práctica te puede enseñar. Pero eran un sano ejercicio.

Libros eróticos, la verdad, he leído muy pocos. No sé. No los busco.  Han ido cayendo en mis manos y los he leído con agrado, aunque no estoy muy versada en ellos. El relato erótico me lo ha facilitado internet, y yo misma, escribiéndolos. Y claro, de ésto, sí he leído un montón. Algunos maravillosos, otros vomitivos. De tanto en tanto, me doy una vuelta por páginas ya conocidas, dedicadas por entero al género. He leído auténticas basuras, con buena idea, pero ni un mínimo de coherencia gramática. Malas ideas tan disfrazadas con buenas palabras que eran hasta pasables… Mis favoritas son las páginas que ordenan sus relatos por categorías: hetero, gay, zoofilia, incesto, fantasías, cibersexo. Me entra la risa cuando veo tal diagrama. Me da la impresión de estar frente a la estantería de la zona de adultos de un videoclub. Y desde luego, no todos son aptos para estómagos delicados. He leído verdaderas barbaridades, algunas hasta censurables. Y me he encontrado con maravillas que hasta me daba lástima encontrarlas en lugares tan sórdidos. Pero bueno, el sexo es así. Poca gente lo vive con naturalidad y disfrutando de él. Hay quien se limita a practicarlo de tanto en tanto y no se para a pensar mucho más tiempo en él. Para mí, la literatura erótica es un modo más de disfrutarlo. También hay gente que lo percibe todavía (por cultura supongo, impuesta o adquirida) como algo que hay que ocultar, o esconder de la mirada ajena. Si los demás saben que piensas en esos términos sobre sexo, te pueden tachar de guarro/a, supongo que sería la idea fundamental. No sé.

No se trata de llevar un lema en una camiseta por la calle que diga “Me gusta el sexo”. Ese tipo de declaraciones tan obvias, le restan magia a una cosa que ya de por sí es mágica. Creo más bien que se trata de disfrutarlo en todas sus facetas: la real, la literaria, la pura fantasía… y todas las que tenga y que aún tengo que descubrir, si es que existen.  Lo que está muy claro, es que opino que el tema da para mucho. Incluso para escribir disertaciones de este tipo.

Disfruten …

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