Mujer
05 abr 2012 Dejar un comentario
in el primer capítulo Etiquetas: agostino carracci, femenino, hembra, mujer, pintura
Soy Afrodita.
Soy Hathor y el reflejo de su espejo.
Soy Aradia o El Evangelio de las Brujas.
Soy Artemisa. Creedme, Orión se lo merecía.
Soy Deméter, la suegra.
Yo soy Isis y Lillith y Eva y María.
A veces Hécate, a veces Hestia.
Soy Inanna y te emborracharé.
Soy Julia, la pescatera del mercado.
Soy Kali, la shakti de Shivá.
Soy Morgana y Arturo no sabe que fui yo quien durmió con Ginebra…
Soy Selene y abro y cierro el ojo del cielo cada veintiocho días.
Soy Inés, ángel de amor…
Soy la olvidada mujer de Lot.
Soy Ana ¿En qué puedo ayudarle?
Soy Gaia, pero en mi casa me llaman Gea.
Yo soy “la chica”: ahora cuando venga “la chica”, “la chica” se encargará de eso…
Soy Oshún implorando a Olofin por los seres de la Tierra.
Hola, soy Virtudes y soy alcohólica.
Soy Erzsébet Báthory, la que parió a los hijos del Caballero Negro. Dile a “la chica” que me ponga otra copa…
Soy Helena por cuyo bello rostro partieron cien mil naves.
Soy mujer… pero nunca te soy indiferente.
La Almendra
06 sep 2010 3 comentarios
in el primer capítulo Etiquetas: árabe, La Almendra, memorias eróticas, mujer
“Luego descubrí las virtudes de la bebida. Tardé cierto tiempo en escoger, ya que el vino me revolvía el estómago, la cerveza me producía diarrea y el champán me daba morriña. Sólo el whisky, rebajado con agua, me hacía crepitar como un fuego de abedul y me ahorraba los vértigos de la resaca. Apreciaba las marcas más raras, las más costosas, lo cual hacía reír a Driss.
- ¡Haces bien, paloma mía! Pecar por pecar, vale más elegir las vilezas del precio prohibitivo. No te rebajes jamás, almendra mía, a alimentarte de mediocridad y a contentarte con lo común. Vejarías a tus ángeles de la guarda si te humillases de ese modo.
Actualmente, mis pecados se recogen con pala, recuerdo haberme dicho. ¿A cuándo se remonta mi última plegaria, mis últimas abluciones? Me eché a reír dentro de mi cabeza: siendo pagana, me prosternaba cinco veces al día en dirección a La Meca. Una vez convertida al amor y a las rupturas, dirigía a Dios mis súplicas en mitad de un polvo o bien bajo la ducha. ¿Musulmana yo? pero entonces ¿aquel hombre, aquellas mujeres, aquel alcohol, aquellas cadenas, aquellas preguntas, aquella ausencia de remordimientos, aquel arrepentimiento que no llegaba…? Sólo el ayuno del Ramadán permanecía intacto. Me purificaba de la angustia y me daba un respiro del alcohol. Ciertamente el Ramadán por sí solo se demostró impotente para prohibirme el cuerpo de Driss, que no lo observaba. Oh, desde luego respetaba mi penitencia, pero no le encontraba mérito alguno. No podía decirle que a la puesta del sol, mi primer trago de agua subía a los cielos acompañado de un ferviente deseo: que Dios aceptara mi sed y mi hambre en sacrificio. Que supiese que mi cuerpo todavía era capaz de serle fiel.”
Nedjma
“La Almendra” Memorias eróticas de una mujer árabe.

8 de marzo
09 mar 2010 2 comentarios
in el primer capítulo Etiquetas: 8 de marzo, desigualdad, femenino, feminismo, igualdad, mujer, trabajo
8 de marzo, día de la mujer.
Para todas nosotras.
El día a día de muchas mujeres
25 jun 2009 Dejar un comentario
in el primer capítulo Etiquetas: dificultades, estrés, feminismo, maternidad, mujer, mujeres, segunda jornada, techo de cristal, tercera jornada, trabajo, vida laboral
Jijijiiji… éste es un mail que me mandaron hace poco. Sé que es un poco extremo, pero real como la vida misma… Dedicado a todas las mujeres con sentido del humor.
Liliana se despertó a las seis, preparó a los chicos, los
llevó a la escuela y volvió a casa con tiempo para darle un beso
burocrático a Arturo, su marido, y de cambiar cheques, cosas
habituales y reclamos.
Hizo una rápida compra en el supermercado, peleó con la
mucama que le había manchado el vestido de seda, salió apurada,
como siempre; le pusieron una multa por estar conduciendo con el
celular en la oreja y una advertencia por estacionar en lugar
prohibido, mientras iba un minuto a sacar dinero del cajero
automático.
En el camino al trabajo, golpeaba ansiosamente el volante,
en un
congestionamiento monstruo, y pensaba cuándo podría
pintarse la uñas y hacerse la tintura en el pelo antes de
transformarse en una mujer canosa.
Llegando al escritorio, casi fue atropellada por una mina
escultural que era la nueva contratada por la empresa para el
cargo que ella,
Liliana, hizo de todo para conseguir, pero que, a
pesar del currículum excelente y de sus años de experiencia y
dedicación, no pudo lograr.
Pensó si un buen lomo daba puntos, pero al rato se olvidó
de la mina porque en medio de una reunión llamaron del colegio de
Clarita, su hija menor, diciendo que ella estaba con dolor de
oído y fiebre.
Intentó, en vano, encontrar a su marido y, como no pudo,
resolvió ir ella misma al colegio, después de encontrarse con un
nuevo cliente,
que mostró ser un neurótico, aburrido, desconfiado con
quien tendría que lidiar los
próximos meses.
Salió ansiosa y encontró su auto con una goma pinchada.
Pensó en todo lo que todavía tenía por hacer antes de
cerrar los ojos y soñar con un mundo mejor.
Dejó el auto, tomó un taxi y fue por las criaturas.
Cuando llegó a casa, descubrió que se había dejado el
maldito portafolio con todo lo que necesitaba leer para el día
siguiente.
Llamó al celular de su marido con la esperanza de que él
pudiese ir a buscar
los papeles a la empresa, pero la mierda
seguía fuera del área.
Consiguió, después de varias llamadas, que un motoquero le trajese
los malditos documentos.
Tomó un baño de mierda, le dio de comer a los chicos, hizo
los deberes de porquería con los dispersos, y acostó a los
monstruos.
Arturo llegó cruzadísimo de una reunión, reclamando de
todo.
Comieron en silencio.
En la cama ella leyó la mitad de los documentos y comenzó a
cabecear de sueño. Arturo se despertó con una erección y
queriendo juguetear.
Como esos momentos eran cada vez más escasos en su
matrimonio, ella decidió hacer un último esfuerzo y transar.
Hicieron algo medio rápido, medio más o menos, y, cuando
estaba casi durmiéndose de nuevo, sintió una palmadita en su
traste con el siguiente comentario:
Estás teniendo un culito blando, Lili…deja la
haraganería y empezá a cuidarte…
Liliana miró una pantalla de metal y se imaginó golpeando
la cabeza de Arturo hasta ver sus sesos desparramados por la
almohada!
Después se vio saltando sobre el tórax de él hasta
fracturar todas sus costillas! Con un alicate de uñas
arrancándole uno a uno todos sus dientes y después dándole una patada brutal
en las bolas, que hacía volar espermatozoides para todos lados!
En seguida usó la técnica que aprendió en un libro de
autoayuda: cómo controlar las emociones negativas.
Respiró tres veces profundamente,
mentalizando el color
azul, y reflexionó.
No iba a valer la pena, no estábamos en EEUU, no
conseguiría una abogada feminista carísima que hiciese su defensa
alegando que asesinó a su marido ciega de tensión premenstrual…
Resolvió actuar con sabiduría.
Al día siguiente, no llevó a los chicos al colegio, no hizo
la compra rápida del super, ni peleó con la mucama.
Fue a un gimnasio y se mató dos horas.
De allí fue a la peluquería para teñirse de pelirroja y se
pintó las uñas de colorado.
Llamó al insoportable nuevo cliente y le dijo todo lo que
pensaba de él, de su mujer y de su proyecto.
Y esperó los resultados de su pésima conducta, haciéndose
un masaje estético que jura eliminar, en diez sesiones, la grasa
localizada.
Mientras se hospedaba en un spa, oyó al marido desesperado
tratando de localizarla por el celular y descubrir por qué ella
había desaparecido.
Pacientemente no atendió.
Y, como la venganza es un plato que se come frío, le dejó
un mensaje lacónico en la casilla de mensajes.
-El culo todavía está blando. Volveré cuando se haya
endurecido.
Un beso de la haragana…
(Sacado del libro: Este sexo el femenino /Patrícia Travassos).
ODETTE
16 mar 2009 Dejar un comentario
in el primer capítulo Etiquetas: cine francés, escritor, mujer, Odette Toulemonde, Odette una comedia sobre la felicidad
El otro día, ví una película que me encantó. Se llama “Odette, una comedia sobre la felicidad”. Ese es el título castellano, pero el original, tiene más miga: “Odette Toulemonde”, coincidiendo con el nombre y el apellido de la protagonista.
Os pongo el link, porque se explican mejor que yo:
http://www.filmaffinity.com/es/film507217.html
Como no estoy muy chisposa, no me extenderé en demasía. Simplemente os dejo la recomendación, y un pedazo del diálogo que mantienen Balthazar Balsan y su editor, que me llegó al alma:
B-No sirvo para eso. Cuando me hieren, me hundo.
E-Pues estamos apañados…
(el editor se levanta y pasea hasta Balthazar)
E-Eres demasiado sensible. Demasiado, francamente.Demasiado frágil.
B-(con lágrimas en los ojos)Si no fuera frágil… ¿cómo habría podido escribir?
Una delicia. En serio.










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