Juliette Gréco

Juliette Gréco: “Soy infernal, una alegre desesperada”

 
80 años. Nací en Montpellier y vivo en una granja a las afueras de París. Me he casado tres veces; Philippe Lemaire, dos años, Michel Piccoli, 10 años, y Gérard, con el que llevo 20 años. Tengo una hija del primero y una nieta. Soy de izquierdas desde los tres años. Dios son los otros

Si yo le digo infancia…

Yo le respondo abuelo, sólo le quería a él: me gustaba su silencio, su apariencia, su ternura y su trabajo, era arquitecto.

¿Ha entendido por qué su padre las abandonó?

Totalmente, no paraba de pelearse con mi madre; era un hombre que hacía mucho ruido. Viví con el hasta la edad de tres años.

¿Una mamá difícil?

Cuando era pequeña mi madre me dijo cosas terribles: “No eres mi hija, te compré a unos gitanos”. Y un día me dijo: “Eres el fruto de una violación”, y durante muchos años busqué el árbol que me había engendrado.

Bruta, su madre.

La he querido siempre, pero ella a mí no. Cuando fui famosa se interesó por mí, y me hirió, ¡zas!, que me reconociera sólo porque era famosa. Cada cual tiene su infierno.

¿Ese infierno la marcó para siempre?

Quizá, pero creo que la ausencia del padre fue aún más grave. Al no tener padre, la pérdida de mi abuelo fue extremamente importante.

¿Ha sentido rabia?

Soy violenta y sé que es lo más inútil que puede haber. Violenta pero muy dulce.

A los 15 años ya era independiente.

Sí, a mi madre y a mi hermana las deportaron y a mí me metieron en la cárcel. Entré ingenua, pero compartí celda con tres prostitutas y aprendí muchas cosas, me enseñaron por ejemplo a no fiarme de los hombres.

¿Cómo llegó al existencialismo?

Cuando mi hermana estaba en la universidad me habló de Sartre, y yo robé sus libros de la biblioteca de mi madre y los devoré.

Luego Sartre fue su amigo junto a Boris Vian, Prévert, Raymond Queneau…

Gran suerte; mi economía era miserable, pero era muy rica en amistad y atenciones por parte de esa gente. Podía preguntar todo lo que me inquietaba y siempre obtenía respuesta.

Era usted una adolescente, ¿qué era lo que más le preocupaba?

Nada, cuando no tienes dinero y eres muy joven, también eres muy libre. Ganaba algo de dinero, poco, recitando poemas en la radio de los poetas vivos más grandes de la época. No, no tenía preocupaciones, pero estaba muy extrañada de estar viva.

¿. ..?

Nunca he tenido el sentido del mañana. Lo primero que hago cuando abro los ojos es dar las gracias. Me extraña ser tan mayor y seguir haciendo lo que me gusta, es un gran regalo.

No es usted la melancólica que parece…

En absoluto, soy infernal, una alegre desesperada. La gente con la que he crecido, todos estos filósofos, pintores y músicos, eran muy alegres. Sartre era un bromista; cuando André Gide murió, le mandó un telegrama a François Mauriac, un escritor muy católico: “Haz todas las tonterías que quieras, el infierno no existe. Firmado: Gide”.

¿Cuál es la lección más importante que le ha dado la vida?

Que el otro es Dios. Y que pese a la gravedad de algunas cosas, nada es serio. El tiempo y la vida son un regalo, a veces cruel y difícil.

¿Qué error no quiso cometer con su hija?

Los que he cometido, como todas las madres. La maternidad es una felicidad muy particular, pero es muy difícil cuando una está sola.

Su matrimonio con Philippe Lemaire duró poco más de un año…

Suficiente, uno no debe quedarse nunca si se aburre. Además, no era un buen padre.

¿El amor le ha hecho tambalearse?

Siempre me he ido antes de que las cosas se deterioraran; por tanto, sólo tengo amigos. Y siempre lo advierto: “Cuidado, soy muy paciente, pero hay un límite”. Pero nadie me cree hasta el día en que digo adiós.

¿Las decisiones más difíciles?

Las que han tenido que ver con mi hija. En mi trabajo ha sido todo fácil, salvo aguantarme a mí misma. Soy dura y severa conmigo misma. Soy la persona a la que menos quiero.

¿Qué merece la pena en la vida?

Hacer feliz. Y cosas pequeñas, como cocinar para otros. Es una cuestión de detalles. Las mujeres con poco dinero y muchos hijos son mis heroínas. Es dura la vida de cada día.

¿Qué amigos le han ayudado?

Sólo hubo una mujer que fue muy mala conmigo. Murió. Era una actriz francesa, ¿cómo se llamaba…? No recuerdo, a la gente que no quiero la olvido. Por lo demás, he recibido algo de cada persona con la que me he cruzado.

Personajes como Camus dejan huella…

Eso es otra cosa, hay profesores y maestros.

Pero todos estos escritores ¿no eran personajes muy egocéntricos?

Aparentemente no, pero yo no he vivido con ellos, no me he acostado con ellos.

Boris Vian…

Me quería como se quiere a una hermana pequeña. Nunca me gustó hablar, pero el trato inhumano que recibí en la cárcel me cerró la boca, y Boris me devolvió la palabra.

¿Se ha entendido mejor con los hombres que con las mujeres?

No, con las mujeres me río más, nos damos más. Hay una profundidad en lo femenino de la que carecen los hombres.

¿A qué teme?

A los cretinos y a los malvados, una cosa va con la otra. Pero no a morir, empecé a morirme cuando me parieron; entonces: gracias.

¿Cuándo decidió vivir sin Dios?

No vivo sin Dios, Dios es usted y aquel. Amo a María y a Jesús, pero el Padre no me interesa.

 

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Sartre decía que Juliette Gréco acariciaba las palabras, iluminándolas, que le escribía canciones para ver sus frases convertidas en piedras preciosas. Después de 60 años de una carrera excepcional, esta gran dama que continúa siendo “La musa de Saint Germain”, todavía inspira a los artistas jóvenes más creativos. Tras Miossec o Abd Malik, por primera vez son mujeres las que han preparado cuidadosamente este nuevo álbum “Je me souviens de tout”. Brigitte Fontaine, Olivia Ruiz u Orly Chap le han regalado lo que a ella le gusta : juventud, audacia y poesía. Su voz grave y melodiosa está aquí, acompañada de un piano y de un acordeón que dan vida como nunca a los textos.

Entrevistar a Juliette Gréco es conocer de primera mano su excepcional recorrido, compartir algo del torbellino de su vida. En primer lugar, su infancia, robada por la guerra. En 1943 fue detenida por la Gestapo y encarcelada con su hermana y su madre, militante activa de la Resistencia. Las dos fueron deportadas mientras que Juliette se quedó sola en Paris, hasta que su profesora de francés y actriz Hélène Duc la recogió.

En los distritos de la ribera izquierda, Juliette descubre una gran vida intelectual y artística, milita en la Juventud Comunista. Y “se acuerda de todo”. Desde el primer día de su carrera, en 1949, interpreta con una valentía inusitada poemas de Sartre, Queneau y Laforgue antes de que Prevert le pida cantar “Je suis comme je suis”, de que Ferré y Brassens le regalen sus más bellas canciones, o que ella haga descubrir a unos jóvenes llamados Brel o Gainsbourg. En esta Francia de antes del 68, Gréco escandaliza. Mujer libre, comunista que asume sus deseos y elige su propia vida, provoca el horror de la burguesía bien pensante. La censura prohíbe la emisión en la radio de algunas de sus canciones. Juliette no se rinde. Incluso responde, interpretando otras, más ambiciosas, más políticas, más poéticas.

Entrevistar a Juliette Gréco es gozar del humor corrosivo, la mirada penetrante y la sonrisa pícara de una mujer especial. Es acercarse a un universo que amamos y que ella comparte con otro gran señor, Gérard Jouannest. Como ella nos confiesa, es estar en familia.

H.D. ¿Cómo se apropia de las letras que escriben para usted ?

J.G. Me las como, las digiero. Las hago mías, las fagocito con mucho gusto. A veces las retoco porque hay alguna palabra que no puedo decir, Después del impacto de la primera lectura, retomo el hilo y vuelvo a comenzar hasta que siento que he captado el sentido. Tengo mi propia manera de trabajar, en silencio. ¡Cuando se busca, se encuentra !

H.D. Después de 60 años de carrera, continúa inspirando a los artistas jóvenes

J.G. Son toda mi vida. La gente olvida que Brel o Gainsbourg fueron jóvenes. Por eso yo quería hacer un disco de chicas. Ellas me han propuesto lo que creen que me va. Es muy emocionante. Debería ser una mujer que abriese el baúl de los recuerdos, pero todavía no lo soy.

H.D. Usted ha sido una intérprete privilegiada de grandes luchas políticas. ¿Cómo ve la situación actual ?

J.G. Siento una gran inquietud, creo que justificada. Tengo miedo y no me gusta. Aunque tengo gran confianza en el género humano es la primera vez que este sentimiento me invade de esta forma. Durante la Ocupación, tenía rabia, estaba preocupada por aquellos que amaba y que estaban en peligro. Sentía miedo por los compañeros de la Resistencia. Pero ahora estoy aterrorizada por el futuro de los que Georges Marchais llamaba “las masas trabajadoras”.

H.D. Usted canta, en un texto de Miossec, “la historia no es mas que una pura idiotez, no vacila, no, desvaría”.

J.G. Es extraño que estemos en un clima social similar al de finales de los años 30. Esto huele mal. No comprendo adónde vamos. Yo que, habitualmente, pienso en el mañana, ya no lo envidio. La ira está ahora, nacida del desaliento. ¿Cómo puede servir la crisis para despedir ? Es inhumano. Estoy en una situación que nunca habría podido imaginar. En la vida política, ¿Dónde está la diversidad del debate de ideas ? ¿La libertad de pensamiento que ha nutrido la política francesa ? ¿Dónde están los niños felices ?

H.D. ¿La canción “C´est maintenant ” es una llamada a la revolución ?

J.G. Siempre he creído en la revolución y todavía creo en ella. Quiero una revolución progresista, sin violencia. La deseo con todas mis fuerzas que me quedan. Es necesario poner término al este deterioro social tan peligroso. No sabemos dónde penetra esta ira sorda. No podemos renuncia ante este clima tan nocivo.

H.D. Ante las tensiones religiosas actuales, nos viene a la memoria su canción “Anti-Eclesiastés”, y su estribillo “Nada es vanidad”…

J.G. Fui muy creyente hasta los 13 años. En la capilla se estaba a gusto, era un refugio para los chavales. Luego me enfade con Dios. Al contrario me gusta Jesús, que es un comunista ejemplar. En cuanto a María, ¡me gusta esta mujer ! Esta historia es el colmo del machismo. Bromas aparte, asistimos a un endurecimiento social mortífero, que alimenta una cadena de odios de los que nos costará mucho tiempo salir.

H.D. Usted encarna, más que nadie, las luchas por los derechos de las mujeres. ¿Cómo analiza este retroceso ?

J.G. Soy feminista desde los 3 años y medio. Nunca he parado de luchar, de hablar alto y fuerte. Es un combate. Es la guerra. Lo que ocurre en Afganistán es terrible. ¿Legalizar la violación ? El retorno a la Edad Media. ¿Cómo podemos tolerar esto ? Me siento siempre estúpida frente a la injusticia, frente a la violencia ciega. No puedo comprender que se inmiscuyan en el cuerpo de los demás. Las mujeres también son responsables de esta regresión, han renunciado a luchar. Cuando compruebo la gran libertad que he tenido (que nadie me ha dado), con 18 años al salir de la cárcel, me siento desolada por este retroceso. Además el ambiente de preocupación y la crisis no ayudan nada. Voy a la plaza los domingos y quiero saber, veo a la gente coger las cosas, mirar las etiquetas y devolverlas. De repente, hay que rechazar lo que los niños piden. Nunca he visto eso.

H.D. ¿Usted ha vivido injusticias en carne propia ?

J.G. Nada de lo que hemos pasado, se olvida. Sobre todo el dolor y las humillaciones. Yo he vivido la misoginia al principio. Algunas mujeres me consideraban un peligro para sus mariditos. Ahora, con el tiempo, todo eso se ha mitigado. Creo que la política nos ha acercado. Han comprendido que yo las quería, que yo trabajaba duro y me arriesgaba. Aún hoy, me irrita que algunos, incluso con las mejores intenciones, me sugieran que a mis 82 años, estaría mejor en mi casa, tranquilita. Pues bien, lo siento, todavía tengo cosas que decir.

H.D. Y las dice de la mejor manera, en el escenario, para un público que viene a escucharle…

J.G. ¡Ah ! Esto debe ser la felicidad…Las diferentes generaciones que vienen a escucharme, son mi fuerza. No tengo necesidad de drogarme. Este doping es el más bonito. Si supiera la gente lo que me da… por todo ello no puedo pasar mucho tiempo sin pisar los escenarios.

H.D. ¿Cuáles son sus mejores recuerdos de los escenarios ?

J.G. Haría mal respondiendo otra cosa que no fuese la Fiesta de l´Humanité. Recuerdo la marea humana, llena de amor. Es la herencia de los que han sido comunistas hasta la muerte, de la Ocupación, del sacrificio humano de nuestros padres y de nuestros abuelos. Cuando paseo por las calles de la Fiesta, estoy en familia. Es preciosa.


http://humanite-en-espanol.com/spip.php?article202

 

 

 

“La música es la voluptuosidad de la imaginación”

Delacroix

 

Vibración interna.

La música danza al ritmo de la vida. Si no te fijas, no vas a poder oírla, pero basta un poco de atención para captarla.
A veces serán un coro de campanitas, agudas y tintineantes. Y podrás oírlas en las mañanas de primavera, o cuando el sol bañe tu rostro en invierno. A veces, serán chirridos y gritos, cuando la ira y la rabia te dominen. A veces, serán sonidos monocordes e intermitentes, cuando el desconcierto o la certidumbre del fin se arrastre para llegar hasta tí.

Siempre hay música alrededor de mí. Aunque no pudiera oír, la escucharía claramente. Y mi música favorita, es la que emites tú, y él y ella, y ellos y nosotros. Cada uno es un zumbido que siembra la partitura de mi consciencia. Cada onda reverbera en mis oídos como ninguna otra lo hace. Y cuando me acostumbro a la melodía, al ritmo y a la cadencia, cuando estoy segura de que todos oyen la mía, aparece un nuevo zumbido, suave y sostenido, firme e insistente, que provoca en mí curiosidad y me obliga a escuchar con atención.

Y todo lo que quiero, es que se una a la sinfonía.

“Ulysses” Franz Ferdinand



Well I sit here/ Me siento aquí mismo
Sentimental footsteps/ pasos sentimentales
and then a voice said “Hi, so.."/ y luego una voz dice "Hola..."
So what ya got, what you got this time?/ ¿qué tienes esta vez?
Come on let’s get high/ Vamos más allá
Come on ‘lex oh/ Vamos...

What you got next oh,/ ¿qué será la próxima vez?
Walking 25 miles oh,/ caminando 25 millas
Well I’m bored/ me aburro
I’m bored/me aburro

C’mon let’s get high/ Vamos más allá
C’mon let’s get high/ Vamos más allá...
C’mon lets get high/ Vamos más allá...
High!

Well I found a new way/ he encontrado un nuevo camino
I found a new way/ he encontrado un nuevo camino
C’mon don’t amuse me/ no trates de divertirme
I don’t need your sympathy/ no necesito tu simpatía

La, la, la, la, la
Ulysses/ Ulises
I found a new way// he encontrado un nuevo camino
I found a new way baby// he encontrado un nuevo camino

My Ulysses / Mi Ulises
My Ulysses/ Mi Ulises
Now, what you want now boy?/ ¿qué quieres ahora, chico?
So sinister / Tan siniestro
So sinister /Tan siniestro
But last night was wild / pero la noche pasada fue salvaje
What’s the matter there? / ¿qué pasa?
Feeling kinda anxious? / ¿te sientes ansioso?
That hot blood grow cold / esa sangre caliente se enfría...

Yeah, everyone, everybody knows it/ Todo el mundo lo sabe
Yeah, everyone, everybody knows it/ Todo el mundo lo sabe
Everybody knows aaaaaah/ Todo el mundo lo sabe

La, la, la, la, la
Ulysses / Ulises
I found a new way / he encontrado un nuevo camino
I found a new way baby/ he encontrado un nuevo camino

La, la, la, la, la
Ulysses/Ulises
I found a new way/ he encontrado un nuevo camino
I found a new way baby/ he encontrado un nuevo camino

Oh, oh
Then suddenly you know/ De repente te das cuenta
You’re never going home/ de que nunca volverás a casa
You’re never, you’re never/ nunca nunca
You’re never, you’re never/ nunca nunca
You’re never, you’re never/ nunca nunca

You’re never going home/ nunca volverás a casa
You’re not Ulysses/ No eres Ulises
Baby
No, la, la, la, la
You’re not Ulysses/ No eres Ulises
La ,la, la, la


Si el tiempo ni otras circunstancias no lo impiden, no me busquéis esta noche en casa, que no voy a estar. 
Me voy a ver aFranz Ferdinand al MTV Winter Festival (si es que puedo ver algo, claro). 
Os dejo su "hit" Ulysses, del último disco "tonight", el cual, me sé ya de memoria. 
A ver si me dejan subir a hacer los coros...

Los salvajes

“The Wild Ones” SUEDE

There’s a song playing on the radio
Sky high in the airwaves on the morning show
And there’s a lifeline slipping as the record plays
And as I open the blinds in my mind I’m believing that you could stay

And oh if you stay I’ll chase the rainblown fields away
We’ll shine like the morning and sin in the sun
Oh if you stay
We’ll be the wild ones, running with the dogs today

There’s a song playing through another wall
All we see and believe is the D.J. and debts dissolve
And it’s a shame the plane is leaving on this sunny day
Cos on you my tattoo will be bleeding and the name will stain

But oh if you stay we’ll ride from disguised suburban graves
We’ll go from the bungalows where the debts still grow every day

And oh if you stay I’ll chase the rainblown fears away
We’ll shine like the morning and sin in the sun oh if you stay
We’ll be the wild ones running with the dogs today
We’ll be the wild ones running with the dogs today

 

 

“Los salvajes”

Hay una canción sonando en la radio,
arriba, en el cielo, en las ondas, en el espectáculo de la mañana.
Y hay una vida deslizándose mientras el disco suena.
Mientras despejo la ceguera de mi mente, me convenzo de que podrías quedarte.

Y, oh, si te quedas, echaré de los campos el soplo de la lluvia,
Brillaremos como la mañana y pecaremos al sol
Oh, si te quedas, seremos los salvajes, corriendo con los perros.

Hay una canción sonando a través del muro.
Todo lo que vemos y creemos es al D.J. y las dudas se disuelven.
Qué vergüenza, el avión se marcha en este día soleado.
En tí, mi tatuaje sangrará y el nombre permanecerá.

Pero si te quedas, partiremos desde las difrazadas tumbas de los suburbios, iremos desde los bungalows, donde las dudas crecen todos los días.

Y oh, si te quedas, echaré de los campos los miedos del soplo de las lluvias,
Brillaremos como la mañana y pecaremos al sol, oh, si te quedas.
Seremos los salvajes corriendo con los perros.
Seremos los salvajes, corriendo con los perros.

Su primer concierto

Asistió a su primer concierto a la tierna edad de trece años. Tal vez ni siquiera la hubiesen dejado entrar de no haber estado acompañada por su madre. Sonaba raro… ¿Qué pintaba ella allí en medio? La música era el pegamento que unía a todos los presentes y todas las piezas parecían estar a gusto, a pesar de ser tan dispares de espíritu como las pintas que llevaban.
   Era una calurosa tarde de finales de junio y a ella se le descubrió una realidad que había intuido pero que aún no había podido confirmar: existía algo relacionado con aquella música. Algo que era más que la propia música. Es más, había más música que no era la del grupo que iba a escuchar aquella noche a las diez en punto y que era capaz de mover a toda aquella masa de gente.
   Captó su atención la forma de vestir de la gente: negro riguroso, prendas extrañas, exageradamente enormes o exageradamente ajustadas. Mallas, telarañas de nylon, pantalones de lycra, tacones vertiginosos… y sus peinados… se erguían sobre sus cabezas en cardados imposibles, medio ocultando sus rostros, medio mostrando sus sonrisas. Una legión de jóvenes maquillados con pálidos rostros, labios ensangrentados de carmín, ojos de todos los colores, pero siempre rodeados de un halo negro y pegajoso, común a todos. Le parecieron hermosos. Eran como personajes salidos de un cuento que de repente, habían invadido el centro de la ciudad y se movían en grupos grandes, en parejas, en solitario, pero siempre siendo conscientes de que algún par de ojos curiosos les observaba preguntándose de dónde habían salido aquellos personajes de pesadilla.
   Al otro lado, cruel realidad, testigo del paso del tiempo, todos aquellos que un día fueron aquellos bellos monstruos y que no habían tenido más remedio que volverse personas “normales” por culpa simplemente de su posición en la vida. Lo que marcaba la diferencia era simple y llanamente la libertad. Unos, no daban importancia a lo que el resto de los mortales pensara sobre ellos. Otros, se habían convertido en el resto de los mortales.
   Pero allí estaban todos, esperando oír las mismas notas, la misma voz, ver el mismo espectáculo que haría que algo muy íntimo y personal vibrara dentro de cada uno de ellos. Compartirían por unas horas, espacio y espíritu. Y ella lo observaba todo desde fuera, porque con su mirada de niña, con su atuendo de niña, con su peinado de niña, todavía no sabía nada acerca de los dos mundos que aquella noche iban a unirse por un rato.
   La emoción crecía en su interior a medida que la organización comenzaba a abrir las puertas a los espectadores. Nervios para coger un buen asiento que les reportara la mejor perspectiva: no había que perder detalle. Había que poder contarlo todo después con sumo detalle y ser capaz de retener hasta el más mínimo acto, la más mínima sensación, impresión, todo.
   La majestuosidad del recinto la intimidó un poco. La camiseta lila se le pegaba a la espalda por el sudor. La adrenalina corría por su cuerpo emocionado, posando la vista en sus vecinos de asiento, el los que gritaban a pie de escenario aclamando al grupo, admirando el vestido de aquella chica gruesa con gabardina y boina y los labios más rojos que había visto nunca. Todos eran hermosos. Y todo le hizo sentirse hermosa.
   Por fin, fuera luces. Un haz de luz rosada iluminó el centro del escenario. Comenzó a sonar una música gloriosa, sinfónica, melodiosa y emocionante que sumió por entero al recinto en un estallido de emoción contenida desde el momento en que la entrada llegó a las manos. Y el espectáculo comenzó.
   Años después, seguía celebrando el acontecimiento. La misma tarde de junio, todos los años recordaba que a las siete de la tarde de un caluroso día, ella comenzó un camino que no pensaba abandonar. Podía decir que esa tarde, había elegido su forma de vida.

 

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