Juliette Gréco

Juliette Gréco: “Soy infernal, una alegre desesperada”

 
80 años. Nací en Montpellier y vivo en una granja a las afueras de París. Me he casado tres veces; Philippe Lemaire, dos años, Michel Piccoli, 10 años, y Gérard, con el que llevo 20 años. Tengo una hija del primero y una nieta. Soy de izquierdas desde los tres años. Dios son los otros

Si yo le digo infancia…

Yo le respondo abuelo, sólo le quería a él: me gustaba su silencio, su apariencia, su ternura y su trabajo, era arquitecto.

¿Ha entendido por qué su padre las abandonó?

Totalmente, no paraba de pelearse con mi madre; era un hombre que hacía mucho ruido. Viví con el hasta la edad de tres años.

¿Una mamá difícil?

Cuando era pequeña mi madre me dijo cosas terribles: “No eres mi hija, te compré a unos gitanos”. Y un día me dijo: “Eres el fruto de una violación”, y durante muchos años busqué el árbol que me había engendrado.

Bruta, su madre.

La he querido siempre, pero ella a mí no. Cuando fui famosa se interesó por mí, y me hirió, ¡zas!, que me reconociera sólo porque era famosa. Cada cual tiene su infierno.

¿Ese infierno la marcó para siempre?

Quizá, pero creo que la ausencia del padre fue aún más grave. Al no tener padre, la pérdida de mi abuelo fue extremamente importante.

¿Ha sentido rabia?

Soy violenta y sé que es lo más inútil que puede haber. Violenta pero muy dulce.

A los 15 años ya era independiente.

Sí, a mi madre y a mi hermana las deportaron y a mí me metieron en la cárcel. Entré ingenua, pero compartí celda con tres prostitutas y aprendí muchas cosas, me enseñaron por ejemplo a no fiarme de los hombres.

¿Cómo llegó al existencialismo?

Cuando mi hermana estaba en la universidad me habló de Sartre, y yo robé sus libros de la biblioteca de mi madre y los devoré.

Luego Sartre fue su amigo junto a Boris Vian, Prévert, Raymond Queneau…

Gran suerte; mi economía era miserable, pero era muy rica en amistad y atenciones por parte de esa gente. Podía preguntar todo lo que me inquietaba y siempre obtenía respuesta.

Era usted una adolescente, ¿qué era lo que más le preocupaba?

Nada, cuando no tienes dinero y eres muy joven, también eres muy libre. Ganaba algo de dinero, poco, recitando poemas en la radio de los poetas vivos más grandes de la época. No, no tenía preocupaciones, pero estaba muy extrañada de estar viva.

¿. ..?

Nunca he tenido el sentido del mañana. Lo primero que hago cuando abro los ojos es dar las gracias. Me extraña ser tan mayor y seguir haciendo lo que me gusta, es un gran regalo.

No es usted la melancólica que parece…

En absoluto, soy infernal, una alegre desesperada. La gente con la que he crecido, todos estos filósofos, pintores y músicos, eran muy alegres. Sartre era un bromista; cuando André Gide murió, le mandó un telegrama a François Mauriac, un escritor muy católico: “Haz todas las tonterías que quieras, el infierno no existe. Firmado: Gide”.

¿Cuál es la lección más importante que le ha dado la vida?

Que el otro es Dios. Y que pese a la gravedad de algunas cosas, nada es serio. El tiempo y la vida son un regalo, a veces cruel y difícil.

¿Qué error no quiso cometer con su hija?

Los que he cometido, como todas las madres. La maternidad es una felicidad muy particular, pero es muy difícil cuando una está sola.

Su matrimonio con Philippe Lemaire duró poco más de un año…

Suficiente, uno no debe quedarse nunca si se aburre. Además, no era un buen padre.

¿El amor le ha hecho tambalearse?

Siempre me he ido antes de que las cosas se deterioraran; por tanto, sólo tengo amigos. Y siempre lo advierto: “Cuidado, soy muy paciente, pero hay un límite”. Pero nadie me cree hasta el día en que digo adiós.

¿Las decisiones más difíciles?

Las que han tenido que ver con mi hija. En mi trabajo ha sido todo fácil, salvo aguantarme a mí misma. Soy dura y severa conmigo misma. Soy la persona a la que menos quiero.

¿Qué merece la pena en la vida?

Hacer feliz. Y cosas pequeñas, como cocinar para otros. Es una cuestión de detalles. Las mujeres con poco dinero y muchos hijos son mis heroínas. Es dura la vida de cada día.

¿Qué amigos le han ayudado?

Sólo hubo una mujer que fue muy mala conmigo. Murió. Era una actriz francesa, ¿cómo se llamaba…? No recuerdo, a la gente que no quiero la olvido. Por lo demás, he recibido algo de cada persona con la que me he cruzado.

Personajes como Camus dejan huella…

Eso es otra cosa, hay profesores y maestros.

Pero todos estos escritores ¿no eran personajes muy egocéntricos?

Aparentemente no, pero yo no he vivido con ellos, no me he acostado con ellos.

Boris Vian…

Me quería como se quiere a una hermana pequeña. Nunca me gustó hablar, pero el trato inhumano que recibí en la cárcel me cerró la boca, y Boris me devolvió la palabra.

¿Se ha entendido mejor con los hombres que con las mujeres?

No, con las mujeres me río más, nos damos más. Hay una profundidad en lo femenino de la que carecen los hombres.

¿A qué teme?

A los cretinos y a los malvados, una cosa va con la otra. Pero no a morir, empecé a morirme cuando me parieron; entonces: gracias.

¿Cuándo decidió vivir sin Dios?

No vivo sin Dios, Dios es usted y aquel. Amo a María y a Jesús, pero el Padre no me interesa.

 

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Sartre decía que Juliette Gréco acariciaba las palabras, iluminándolas, que le escribía canciones para ver sus frases convertidas en piedras preciosas. Después de 60 años de una carrera excepcional, esta gran dama que continúa siendo “La musa de Saint Germain”, todavía inspira a los artistas jóvenes más creativos. Tras Miossec o Abd Malik, por primera vez son mujeres las que han preparado cuidadosamente este nuevo álbum “Je me souviens de tout”. Brigitte Fontaine, Olivia Ruiz u Orly Chap le han regalado lo que a ella le gusta : juventud, audacia y poesía. Su voz grave y melodiosa está aquí, acompañada de un piano y de un acordeón que dan vida como nunca a los textos.

Entrevistar a Juliette Gréco es conocer de primera mano su excepcional recorrido, compartir algo del torbellino de su vida. En primer lugar, su infancia, robada por la guerra. En 1943 fue detenida por la Gestapo y encarcelada con su hermana y su madre, militante activa de la Resistencia. Las dos fueron deportadas mientras que Juliette se quedó sola en Paris, hasta que su profesora de francés y actriz Hélène Duc la recogió.

En los distritos de la ribera izquierda, Juliette descubre una gran vida intelectual y artística, milita en la Juventud Comunista. Y “se acuerda de todo”. Desde el primer día de su carrera, en 1949, interpreta con una valentía inusitada poemas de Sartre, Queneau y Laforgue antes de que Prevert le pida cantar “Je suis comme je suis”, de que Ferré y Brassens le regalen sus más bellas canciones, o que ella haga descubrir a unos jóvenes llamados Brel o Gainsbourg. En esta Francia de antes del 68, Gréco escandaliza. Mujer libre, comunista que asume sus deseos y elige su propia vida, provoca el horror de la burguesía bien pensante. La censura prohíbe la emisión en la radio de algunas de sus canciones. Juliette no se rinde. Incluso responde, interpretando otras, más ambiciosas, más políticas, más poéticas.

Entrevistar a Juliette Gréco es gozar del humor corrosivo, la mirada penetrante y la sonrisa pícara de una mujer especial. Es acercarse a un universo que amamos y que ella comparte con otro gran señor, Gérard Jouannest. Como ella nos confiesa, es estar en familia.

H.D. ¿Cómo se apropia de las letras que escriben para usted ?

J.G. Me las como, las digiero. Las hago mías, las fagocito con mucho gusto. A veces las retoco porque hay alguna palabra que no puedo decir, Después del impacto de la primera lectura, retomo el hilo y vuelvo a comenzar hasta que siento que he captado el sentido. Tengo mi propia manera de trabajar, en silencio. ¡Cuando se busca, se encuentra !

H.D. Después de 60 años de carrera, continúa inspirando a los artistas jóvenes

J.G. Son toda mi vida. La gente olvida que Brel o Gainsbourg fueron jóvenes. Por eso yo quería hacer un disco de chicas. Ellas me han propuesto lo que creen que me va. Es muy emocionante. Debería ser una mujer que abriese el baúl de los recuerdos, pero todavía no lo soy.

H.D. Usted ha sido una intérprete privilegiada de grandes luchas políticas. ¿Cómo ve la situación actual ?

J.G. Siento una gran inquietud, creo que justificada. Tengo miedo y no me gusta. Aunque tengo gran confianza en el género humano es la primera vez que este sentimiento me invade de esta forma. Durante la Ocupación, tenía rabia, estaba preocupada por aquellos que amaba y que estaban en peligro. Sentía miedo por los compañeros de la Resistencia. Pero ahora estoy aterrorizada por el futuro de los que Georges Marchais llamaba “las masas trabajadoras”.

H.D. Usted canta, en un texto de Miossec, “la historia no es mas que una pura idiotez, no vacila, no, desvaría”.

J.G. Es extraño que estemos en un clima social similar al de finales de los años 30. Esto huele mal. No comprendo adónde vamos. Yo que, habitualmente, pienso en el mañana, ya no lo envidio. La ira está ahora, nacida del desaliento. ¿Cómo puede servir la crisis para despedir ? Es inhumano. Estoy en una situación que nunca habría podido imaginar. En la vida política, ¿Dónde está la diversidad del debate de ideas ? ¿La libertad de pensamiento que ha nutrido la política francesa ? ¿Dónde están los niños felices ?

H.D. ¿La canción “C´est maintenant ” es una llamada a la revolución ?

J.G. Siempre he creído en la revolución y todavía creo en ella. Quiero una revolución progresista, sin violencia. La deseo con todas mis fuerzas que me quedan. Es necesario poner término al este deterioro social tan peligroso. No sabemos dónde penetra esta ira sorda. No podemos renuncia ante este clima tan nocivo.

H.D. Ante las tensiones religiosas actuales, nos viene a la memoria su canción “Anti-Eclesiastés”, y su estribillo “Nada es vanidad”…

J.G. Fui muy creyente hasta los 13 años. En la capilla se estaba a gusto, era un refugio para los chavales. Luego me enfade con Dios. Al contrario me gusta Jesús, que es un comunista ejemplar. En cuanto a María, ¡me gusta esta mujer ! Esta historia es el colmo del machismo. Bromas aparte, asistimos a un endurecimiento social mortífero, que alimenta una cadena de odios de los que nos costará mucho tiempo salir.

H.D. Usted encarna, más que nadie, las luchas por los derechos de las mujeres. ¿Cómo analiza este retroceso ?

J.G. Soy feminista desde los 3 años y medio. Nunca he parado de luchar, de hablar alto y fuerte. Es un combate. Es la guerra. Lo que ocurre en Afganistán es terrible. ¿Legalizar la violación ? El retorno a la Edad Media. ¿Cómo podemos tolerar esto ? Me siento siempre estúpida frente a la injusticia, frente a la violencia ciega. No puedo comprender que se inmiscuyan en el cuerpo de los demás. Las mujeres también son responsables de esta regresión, han renunciado a luchar. Cuando compruebo la gran libertad que he tenido (que nadie me ha dado), con 18 años al salir de la cárcel, me siento desolada por este retroceso. Además el ambiente de preocupación y la crisis no ayudan nada. Voy a la plaza los domingos y quiero saber, veo a la gente coger las cosas, mirar las etiquetas y devolverlas. De repente, hay que rechazar lo que los niños piden. Nunca he visto eso.

H.D. ¿Usted ha vivido injusticias en carne propia ?

J.G. Nada de lo que hemos pasado, se olvida. Sobre todo el dolor y las humillaciones. Yo he vivido la misoginia al principio. Algunas mujeres me consideraban un peligro para sus mariditos. Ahora, con el tiempo, todo eso se ha mitigado. Creo que la política nos ha acercado. Han comprendido que yo las quería, que yo trabajaba duro y me arriesgaba. Aún hoy, me irrita que algunos, incluso con las mejores intenciones, me sugieran que a mis 82 años, estaría mejor en mi casa, tranquilita. Pues bien, lo siento, todavía tengo cosas que decir.

H.D. Y las dice de la mejor manera, en el escenario, para un público que viene a escucharle…

J.G. ¡Ah ! Esto debe ser la felicidad…Las diferentes generaciones que vienen a escucharme, son mi fuerza. No tengo necesidad de drogarme. Este doping es el más bonito. Si supiera la gente lo que me da… por todo ello no puedo pasar mucho tiempo sin pisar los escenarios.

H.D. ¿Cuáles son sus mejores recuerdos de los escenarios ?

J.G. Haría mal respondiendo otra cosa que no fuese la Fiesta de l´Humanité. Recuerdo la marea humana, llena de amor. Es la herencia de los que han sido comunistas hasta la muerte, de la Ocupación, del sacrificio humano de nuestros padres y de nuestros abuelos. Cuando paseo por las calles de la Fiesta, estoy en familia. Es preciosa.


http://humanite-en-espanol.com/spip.php?article202

Henry Miller

Henry Valentine Miller, controvertido novelista estadounidense, disidente, anarquista y pacifista, uno de los talentos más destacados de la literatura norteamericana contemporánea, autor de las conocidas novelas “Trópico de Cáncer” y “Trópico de Capricornio”, nació el 26 de diciembre de 1891 en la ciudad de Nueva York.

Hijo de padres judíos, Henry Miller no tuvo unos estudios reglados. Su asistencia, en 1901, al City College sólo dura dos meses: lo abandona para emplearse en una fábrica de cemento. Continuó alternando periodos de estudio con periodos de trabajo mientras viajaba, de manera un tanto errática, por el sur de Estados Unidos. En 1914, vuelve a Nueva York y se empieza a trabajar en la sastrería de su padre. No duraría mucho tiempo, pues en 1923 realiza su primer viaje a Europa y en 1930 se instala en Francia, donde le pilla el estallido de la II Guerra Mundial. Es en esa época cuando decide dedicarse de lleno a la literatura, frecuentando los ambientes bohemios de París, pasando más hambre que frío y durmiendo debajo de un puente.

Pero pronto la suerte le sonreiría. Empezó a trabajar como corrector en el Chicago Tribune y, en 1931, escribe “Trópico de Cáncer” que, gracias a su amiga y amante Anaïs Nin, pudo ser publicado en 1934. Pero en su país (Estados Unidos), fue calificada de obscena y pornográfica, lo que le costó un proceso judicial. No fue hasta 1961, que los norteamericanos publicaron el libro, si bien ya se había leído pues el proceso le valió una popularidad que hizo que el mercado negro se encargara de distribuir generosamente el libro.

Continuará escribiendo novelas y en todas ellas trata sin tapujos, escenas de sexo explícito, en todas estigmatiza de manera irónica pero letal, el puritanismo existente en la sociedad americana y todas ellas fueron censuradas por obscenas en Estados Unidos. No obstante, todas serían distribuidas del mismo modo que la primera. Esto contribuye a fomentar su fama de escritor alternativo, inconformista, maestro de la revolución sexual y enemigo de los valores puritanos y la hipocresía moral.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, y debido al éxito que ya empieza a cosechar, se puede permitir trasladarse a vivir definitivamente a California. Sigue escribiendo una literatura socialmente crítica y en 1964 tras tres años de litigios, consigue que la Corte Suprema anule su proceso por escritor obsceno. Se levantó la prohibición sobre Trópico de Cáncer y la obra de Miller pudo ser publicada y distribuida de manera normal en los Estados Unidos.

Toda la fuerza que irradia la obra de Miller, se debe en parte, a que es autobiográfica y vivencial, expresada en un tono crudo y sensual, mostrando una filosofía de la vida absolutamente transgresora e irreverente.

Henry Miller murió el 7 de Junio de 1980. Fue incinerado y sus restos esparcidos sobre el Big Sur, zona de California situada entre Los Ángeles y San Francisco.

 

http://www.bibliofiloenmascarado.com/2009/12/27/efemerides-henry-miller/

 

Pequeño monstruo encantador.

“La gente que escribe libros, rara vez son intelectuales. Los intelectuales son gente que hablan sobre los libros que han escrito otros.”
Françoise Sagan.

 

http://www.frasesypensamientos.com.ar/autor/francoise-sagan.html
http://latormentaenunvaso.blogspot.com/2009/06/desde-el-recuerdo-francoise-sagan.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Fran%C3%A7oise_Sagan

 

CARTA DE AMOR A JEAN PAUL SARTRE:

http://www.geocities.com/Athens/Forum/8886/sagan.html

Querido señor:

 

Le digo “querido señor” pensando en la interpretación infantil de esta palabra en el diccionario: “cualquier hombre”. No voy a decirle “querido Jean-Paul Sartre”, es demasiado periodístico, ni “querido Maestro” que es lo que usted detesta, ni “querido colega”, que es abrumador. Hace muchos años que quería escribirle esta carta, casi treinta años en realidad, desde que comencé a leer su obra, y sobre todo desde hace diez o doce años, cuando a fuerza de ridiculizarla, la admiración se ha vuelto lo bastante rara como para que uno casi se felicite del ridículo. Quizá yo misma haya envejecido lo bastante o rejuvenecido lo bastante como para burlarme hoy de ese ridículo del cual usted, siempre magnífico, jamás se preocupó.

 

Lo que me interesa es que reciba esta carta el 21 de junio, día fausto para Francia que vio nacer, con algunos lustros de intervalo a usted, a mí y más recientemente a Platini, tres excelentes personas llevadas en andas o pateadas salvajemente – en su caso y en el mío gracias a Dios sólo en sentido figurado – por excesos de honores o indignidades que ellas no se explican. Pero los veranos son cortos, agitados y se marchitan. He terminado por renunciar a esta oda de aniversario y sin embargo tenía que decirle lo que voy a decirle y que justifica este título sentimental.

 

En 1950 empecé a leer de todo y, a partir de entonces sólo Dios o la literatura saben cómo he amado o admirado a una cantidad de escritores, especialmente los contemporáneos, de Francia y otros países. Más tarde conocí a algunos, seguí también la carrera de otros y aunque aún quedan muchos a quienes admiro como escritores, usted es el único que continúo admirando como hombre. Todo lo que prometió cuando tenía quince años, edad inteligente y severa, edad sin ambiciones precisas y por lo tanto sin concesiones, todas esas promesas usted las mantuvo. Escribió los libros más inteligentes y más honestos de su generación, hasta llegó a escribir el libro más rebosante de talento de la literatura francesa: Las palabras. Al mismo tiempo siempre se ha lanzado de cabeza en ayuda de los débiles y humillados, ha creído en la gente, en las causas, en generalidades, se ha equivocado a veces, eso, como todo el mundo, pero (y en esto contrariamente a todo el mundo) siempre lo ha reconocido. Ha rechazado obstinadamente todos los laureles morales y todas las retribuciones materiales de su gloria; ha rechazado el pretendidamente honorable premio Nobel cuando sin embargo carecía de lo necesario, tres veces le pusieron bombas en ocasión de la guerra de Argelia, arrojándolo a la calle sin pestañear siquiera; ha impuesto a los directores de teatro mujeres que le gustaban para papeles que necesariamente no se adecuaban a ellas, demostrando así pomposamente que, para usted, el amor al contrario podía ser “el brillante duelo de la gloria”. En resumen, usted ha amado, escrito, compartido, dado todo lo que tenía para dar y que era lo importante, al mismo tiempo que ha rechazado todo lo que se le ofrecía y que era la importancia. Ha sido hombre al mismo tiempo que escritor, nunca pretendió que el talento del segundo justificaba las debilidades del primero, ni que la felicidad de crear autorizaba por sí sola a despreciar o a ignorar a sus allegados, ni a los demás , todos los demás. Ni siquiera sostuvo que equivocarse con talento y buena fe legitimaba el error. En realidad no se ha refugiado tras esa famosa fragilidad del escritor, esa arma de doble filo que es su talento, jamás actuó de Narciso, que sin embargo es uno de los tres papeles reservados a los escritores de nuestra época junto con el de petimetre y gran criado. Por el contrario, esa arma supuestamente de doble filo, lejos de atravesarlo con delicias y clamor como a muchos, usted quiso que en su mano fuera liviana, eficaz, ágil; usted la utilizó y la puso a disposición de las víctimas , de las verdaderas, las que no saben escribir, ni explicarse, ni luchar, ni siquiera quejarse.

 

Y sin clamar después por justicia porque no quería juzgar, sin hablar de honor porque no quería recibir honores, sin invocar tampoco la generosidad porque ignoraba que usted era la generosidad misma, ha sido el único hombre justo, honrado y generoso de nuestra época, trabajando sin descanso, dando todo a los demás, viviendo sin lujos, pero también sin austeridad, sin tabúes y sin farras, salvo la de la escritura, haciendo el amor y dándolo, seduciendo, pero abiertamente dispuesto a ser seducido, dejando atrás a sus amigos, excediéndolos en velocidad e inteligencia y brillo, pero volviéndose sin cesar hacia ellos para ocultárselo. A menudo prefirió ser utilizado, ser engañado, a ser indiferente; y también a menudo fue decepcionado sin esperanzas. ¡Qué vida ejemplar para un hombre que nunca quiso ser un ejemplo!

 

Y ahora está privado de la vista, sin poder leer según dicen, y debe sentirse seguramente lo más desdichado que imaginar pueda. Quizás entonces le alegre saber que en todos lados donde estuve durante estos veinte años, en el Japón, en Estados Unidos, en Noruega, en la provincia o en París, he visto a hombres y mujeres de todas las edades hablar de usted con esa admiración, esa confianza y hasta con esa misma gratitud que la que confieso aquí.

 

Este siglo se ha revelado loco, inhumano y podrido. Usted ha sido inteligente, tierno e incorruptible y sigue siéndolo.

 

 

Sí… llevo un verano Nouvelle Vague, qué le vamos a hacer…

Pero ella, ese pequeño monstruo encantador, me ha llamado la atención…

 

Lo que es la vida

Estoy leyendo un libro… Vaya novedad entre la gente de por aquí, ¿no?. Apenas llevo unas páginas, pero es como si lo hubieran escrito basado en mi vida. Más que en mi vida, la vida de tantos españoles. Casi no tengo derecho ni a mencionarlo. Soy de la generación que va detrás de esa llamada X y que no tengo muy claro de qué palo van. Digamos que he vivido entre algodones.

El libro en cuestión (un boom en ventas de antes y durante este verano), relata una historia en la que se relata la vida de emigrantes españoles en Francia, después de la guerra, hasta la muerte de Franco. (Seguro que muchísimos de ustedes, ya saben cuál es). Mi familia fue emigrante en Francia, como la de tantos otros. Yo no he pisado Francia más que en una ocasión, y ni siquiera tuve oportunidad de bajarme del vehículo. Por eso digo que no tengo casi derecho a hablar del tema. Lo que me ha sorprendido, ha sido encontrar ciertas “raíces”, o cierto sentimiento de arraigo en la cuestión. Me explico: no sabía yo lo mucho que me importaba la memoria familiar hasta que el libro puso en contacto esos recuerdos infantiles con mi presente.

Me he dedicado por unos instantes, a recordar todas las historias que mi cerebro puede recordar, más bien sencillas anécdotas cotidianas, cargadas de sentimiento, que mi abuela me contaba de niña. Mi abuelo casi no hablaba. El paso por allí debió ser  mucho más difícil para él, que no contaba con la fortaleza de su mujer. Eran historias que podían haber ocurrido tanto aquí como allí. Pero ocurrieron allí, en el París de la France. Anécdotas contadas en castellano, pensadas en francés. Siempre recordaré a mi abuela hablándome de los bombardeos de “La Pava”, que todos corrían en cuanto oían el zumbido del motor. Y después, historias de vecinas en la escalera de la que era portera en París. Hambre y miseria a punta de pala. Qué les voy a contar ¿no les suena?

No soy una gran estudiosa del tema. Siempre he pensado que en España nunca nos hemos curado del trauma, y lo digo con cierto cansancio, como el que oye una radial de fondo todo el día. Y en momentos así, me avergüenzo de mi postura, porque entiendo porqué España no está curada: porque hace cuatro días, como aquel que dice, que mi abuela me contaba de su vida en París. Porque hace cuatro días, como aquel que dice, que ella ya no está. Pero yo sigo aquí. Porque hace cuatro días, como aquel que dice, que acabó la guerra. Ahora entiendo porqué no podemos olvidar.

 

Birds in the night

Aquí os dejo mi poema favorito. Lo descubrí estudiando COU. Es de Luis Cernuda.

BIRDS IN THE NIGHT.

“El  gobienrno francés, ¿o fue el gobierno inglés? puso una lápida                                         

en esa casa de 8 Great College Street, Camden Town, Londres,

adonde en  una habitación Rimbaud y Verlaine, rara pareja,

vivieron, bebieron, trabajaron, fornicaron,

durante algunas breves semanas tormentosas.

Al acto inaugural asistieron sin duda, embajador y alcalde,

Todos aquellos que fueran enemigos de Verlaine y Rimbaud cuando vivían.

 

La casa es triste y pobre, como el barrio,

con la tristeza sórdida que va con lo que es pobre,

no la tristeza funeral de lo que es rico sin espíritu.

sobre su acera, húmedo y gris el aire, un organillo

suena, y los vecinos, de vuelta al trabajo,

bailan unos, los jóvenes, los otros van a la taberna.

 

corta fue la amistad singular de Verlaine, el borracho

y de Rimbaud el golfo, querellándose largamente.

Mas podemos pensar que acaso un buen instante

hubo para los dos, al menos si recordaba cada uno

que dejaron atrás la madre inaguantable y la aburrida esposa.

pero la libertad no es de este mundo, y los libertos,

en ruptura con todo, tuvieron que pagarla a precio alto.

 

Sí, estuvieron ahí, la lápida lo dice, tras el muro,

presos de su destino: la amistad imposible, la amargura

de la separación, el escándalo luego; y para éste,

el proceso, la cárcel por dos años gracias a sus costumbres

que sociedad y ley condenan, hoy al menos; para aquél a solas

errar desde un rincón a otro de la tierra,

huyendo a nuestro mundo y su progreso renombrado.

 

El silencio de uno y la locuacidad banal del otro

se compensaron. Rimbaud rechazó la mano que oprimía

su vida. Verlaine la besa, aceptando su castigo.

Uno arrastra en el cinto el oro que ha ganado; el otro

lo malgasta en ajenjo y mujerzuelas. Pero ambos

 en entredicho siempre de las autoridades, de la gente

que con el trabajo ajeno se enriquece y triunfa.

 

Entonces hasta la negra prostituta tenía derecho de insultarles;

Hoy, como el tiempo ha pasado, como pasa en el mundo,

vida al margen de todo, sodomía, borrachera, versos escarnecidos,

ya no importan en ellos, y Francia usa de ambos nombres y ambas obras

para mayor gloria de Francia y su arte lógico.

sus actos y sus pasos se investigan, dando al público

detalles íntimos de sus vidas. Nadie se asusta ahora ni protesta.

 

“¿Verlaine? Vaya, amigo mío, un sátiro, un verdadero sátiro

cuando de la mujer se trata; bien normal era el hombre.

Igual que usted y que yo. ¿Rimbaud? Católico sincero como está demostrado.”

Y se recitan trozos del “Barco Ebrio” y del soneto a “Las Vocales”

Mas de Verlaine no se recita nada, porque no está de moda

como el otro, que se lanzan textos falsos en edición de lujo

poetas mozos de todos los países hablan mucho de él en sus provincias

¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos?

Ojalá nada oigan: ha de ser un alivio ese silencio interminable

para aquellos que vivieron por la palabra y murieron por ella,

como Rimbaud y Verlaine. Pero el silencio allá no evita

acá la farsa elogiosa repugnante. Alguna vez deseó uno

que la humanidad tuviese una sola cabeza para así cortársela.

Tal vez exageraba: si fuera sólo una cucaracha, y aplastarla.”

 

 

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