No te detengas nunca… Pedro Salinas.

No te detengas nunca… No te detengas nunca cuando quieras buscarme. Si ves muros de agua, anchos fosos de aire, setos de piedra o tiempo, guardia de voces, pasa. Te espero con un ser que no espera a los otros: en donde yo te espero sólo tú cabes. Nadie puede encontrarse allí conmigo sino el cuerpo que te lleva, como un milagro, en vilo. Intacto, inajenable, un gran espacio blanco, azul, en mí, no acepta más que los vuelos tuyos, los pasos de tus pies; no se verán en él otras huellas jamás. Si alguna vez me miras como preso encerrado, detrás de puertas, entre cosas ajenas, piensa en las torres altas, en las trémulas cimas del árbol, arraigado. las almas de las piedras que abajo están sirviendo aguardan en la punta última de la torre. Y ellos, pájaros, nubes, no se engañan: dejando que por abajo pisen los hombres y los días, se van arriba, a la cima del árbol al tope de la torre, seguros de que allí, en las fronteras últimas de su ser terrenal es donde se consuman los amores alegres, las solitarias citas de la carne y las alas.

 

Qué tintineante y vivaracha (y qué dulce) me ha resultado siempre la poesía de Pedro Salinas… ains qué tontorrona.

Entre tu verdad más honda

Otro maravilloso poema de Pedro Salinas en La voz a tí debida.

 

 

Entre tu verdad más honda

y yo

me pones siempre tus besos.

La presiento, cerca ya,

la deseo, no la alcanzo;

cuando estoy más cerca de ella

me cierras el paso tú,

te me ofreces en los labios,

y ya no voy más allá.

Triunfas. Olvido, besando,

tu secreto encastillado.

Y me truecas el afán

de seguir más hacia tí,

en deseo

de que no me dejes ir

y me beses.

Ten cuidado.

Te vas a vender, así.

Porque un día el beso tuyo,

de tan lejos, de tan hondo

te va a nacer,

que lo que estás escondiendo

detrás de él

te salte todo a los labios.

Y lo que tú me negabas

-alma delgada y esquiva-

se me entregue, me lo des

sin querer

donde querías negármelo

la_verdad1

No quiero que te vayas

Otro poema para este pequeño diario, insignificante, lleno de rosas secas que no salieron de una celebración mía, de poesías que no sé escribir, de música que no sé tocar, de miradas que nunca fueron mías… pero que me acompañan allá donde voy. Gracias al magnífico poeta Pedro Salinas por dejarnos en “La voz a tí debida”, verdades del corazón, grandes como templos.

No quiero que te vayas,

dolor, última forma

de amar. Me estoy sintiendo

vivir cuando me dueles

no en tí, ni aquí, más lejos:

en la tierra, en el año

de donde vienes tú,

en el amor con ella

y todo lo que fue.

En esa realidad

hundida que se niega

a sí misma y se empeña

en que nunca ha existido,

que solo fue un pretexto

mío para vivir.

Si tú no te quedaras,

dolor, irrefutable,

yo me lo creería;

pero me quedas tú.

Tu verdad me asegura

que nada fue mentira.

Y mientras yo te sienta,

tú me serás, dolor,

la prueba de otra vida

en que no me dolías.

La gran prueba, a lo lejos,

de que existió, que existe,

de que me quiso, sí,

de que aún la estoy queriendo.

 

lluvia1

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