“Elena” Anaïs Nin (fragmento)
19 jun 2011 Dejar un comentario
in el primer capítulo Etiquetas: amor, Anaïs Nin, El delta de Venus, literatura erótica, orgasmo, sexo
” Su primera discusión seria fue a causa del tiempo. Pierre le telefoneaba y le decía:
- Ven a mi apartamento hacia las ocho.
Ella tenía su propia llave. Iba y tomaba un libro. Él llegaba a las nueve o bien la llamaba cuando ella estaba ya allí esperándolo y le decía: “Voy en seguida” y se presentaba dos horas más tarde. Una noche la hizo esperar demasiado tiempo (y la espera resultó tanto más penosa porque Elena lo imaginaba haciendo el amor con otra), y cuando Pierre llegó, ella ya se había marchado, lo que le puso furioso. Pero no cambió de costumbres. En otra ocasión, ella se encerró y no le permitió entrar. Estaba de pie tras la puerta, escuchando y esperando que no se fuera, pues lamentaba que la noche se echara a perder. Pero no abrió, y él volvió a pulsar el timbre con mucha suavidad. Si lo hubiera hecho con ira, hubiera permanecido inmóvil, pero el toque fue suave, proio de una persona arrepentida, así que abrió la puerta. Elena todavía estaba furiosa. Él la deseaba, y su resistencia lo excitaba. Y a ella le entristecía el espectáculo de ese deseo.
Tuvo el presentimiento de que Pierre había provocado aquella escena. Cuanto más excitado se ponía, mayor era la indidferencia de Elena, que se cerró sexualmente. Pero la miel manaba de los cerrados labios y Pierre estaba en éxtasis. Se volvió más apasionado, obligándola, con sus fuertes piernas, a separar las rodillas, vaciándose en su interior con ímpetu, en un orgasmo de tremenda intensidad.
Mientras que en otras ocasiones si ella no sentía placer lo hubiera fingido para no herir a Pierre, esta vez no hubo disimulo alguno. Cuando la pasión de Pierre estuvo satisfecha, le preguntó a su compañera:
-¿Has sentido placer?
-No- respondió ella.
Él se sintió herido. Sintió toda la crueldad de su rechazo.
-Te quiero más de lo que tú me quieres- le dijo a Elena.
Pero sabía cuánto lo quería ella, y estaba confundida.
Más tarde, Elena yacía con los ojos abiertos por completo, pensando que la tardanza de Pierre era inocente. Él ya se había quedado dormido, como un niño, con los puños cerrados y el pelo en la boca de Elena. Seguía dormido cuando ella se marchó. En la calle, la invadió una oleada de ternura de tal intensidad que tuvo que regresar al apartamento. Se arrojó sobre él diciendo:
-He tenido que volver, he tenido que volver.
-Yo quería que volvieras- La tocó. Estaba muy muy húmeda. Mientras entraba y salía de ella, dijo:
- Me gusta ver cómo te hiero ahí, cómo te apuñalo ahí, en tu herida.
Y hurgaba en su interior, para arrancarle el espamo que ella había retenido.
Cuando lo dejó, se sentía dichosa ¿Puede el amor convertirse en un fuego que no quema, como el fuego de los santones hindúes? ¿Estaba aprendiendo a caminar, por arte de magia, sobre carbones encendidos?”
Elena
El Delta de Venus
Anaïs Nin

“Me voy a la Luna”
04 oct 2010 1 comentario
in el primer capítulo Etiquetas: copular, follar, sadomaso, sexo
“Después de la publicación de mi libro pornográfico, la economía mundial se vino abajo.
¡Un crack increíble!
Mi editor y yo nos hicimos ricos pero para qué, visto que ya nada funcionaba en la Tierra. Las tiendas de la avenida Montaigne habían cerrado. Asia triplicó su población, América se empobreció y tiró sus televisores a los océanos. Los museos, las bibliotecas, las universidades europeas, se convirtieron en grandes follódromos. El continente africano detuvo sus guerras. Las iglesias, templos y mezquitas fueron abandonados. Las monjas tiraron sus hábitos al fuego. Las musulmanas utilizaron sus pañuelos para juegos sadomaso con sus maridos. Grabaciones de orgasmos inundaban los clubs. La humanidad se volvió bisexual, incestuosa, pedófila, necrófila.
Ya nadie trabajaba, todo el mundo follaba.
Los jefes de estado encargaron a unos filósofos un estudio ético sobre Warm Up. La OMS se interesó por mi caso. Y se tomó una decisión política.
Mandemos a la ninfómana a la Luna para siempre. (…)”
“Me voy a la Luna”
Bénédicte Martin
Warm Up
“Lillith”
21 jul 2010 Dejar un comentario
in Se encuentra bien: está narrando Etiquetas: Anaïs Nin, contencion, erotismo, incomprensión, relato erótico, sexo, soledad
“Tal vez si hubiera aceptado sus desafíos y jugado los juegos que a ella le agradaban, Lillith hubiera acusado con más impacto físico la presencia de su marido. Pero éste no conocía los preludios del deseo sensual, ni los estimulantes que ciertas naturalezas salvajes precisan, y así, en lugar de responderle en cuanto veía que se le ponían los pelos de punta, el rostro más vívido, los ojos relampagueantes y el cuerpo electrizado, inquieto como el de un caballo de carreras, se replegaba tras aquel muro de comprensión objetiva, tras aquella amable burla y aceptación de ella, como quien observa un animal en el zoo y sonríe a sus cabriolas, pero no se siente afectado por su estado de ánimo. Era esto lo que dejaba a Lillith completamente aislada, igual que un animal salvaje en un desierto inhóspito.”
Anaïs Nin
“Lillith” 1941 de “El Delta de Venus”

Henry Miller
18 jul 2010 Dejar un comentario
in el primer capítulo Etiquetas: Anaïs Nin, escritor obsceno, Henry Miller, literatura erótica, París, proceso judicial, sexo, Trópico de Capricornio, Trópico de Cáncer
Henry Valentine Miller, controvertido novelista estadounidense, disidente, anarquista y pacifista, uno de los talentos más destacados de la literatura norteamericana contemporánea, autor de las conocidas novelas “Trópico de Cáncer” y “Trópico de Capricornio”, nació el 26 de diciembre de 1891 en la ciudad de Nueva York.
Hijo de padres judíos, Henry Miller no tuvo unos estudios reglados. Su asistencia, en 1901, al City College sólo dura dos meses: lo abandona para emplearse en una fábrica de cemento. Continuó alternando periodos de estudio con periodos de trabajo mientras viajaba, de manera un tanto errática, por el sur de Estados Unidos. En 1914, vuelve a Nueva York y se empieza a trabajar en la sastrería de su padre. No duraría mucho tiempo, pues en 1923 realiza su primer viaje a Europa y en 1930 se instala en Francia, donde le pilla el estallido de la II Guerra Mundial. Es en esa época cuando decide dedicarse de lleno a la literatura, frecuentando los ambientes bohemios de París, pasando más hambre que frío y durmiendo debajo de un puente.
Pero pronto la suerte le sonreiría. Empezó a trabajar como corrector en el Chicago Tribune y, en 1931, escribe “Trópico de Cáncer” que, gracias a su amiga y amante Anaïs Nin, pudo ser publicado en 1934. Pero en su país (Estados Unidos), fue calificada de obscena y pornográfica, lo que le costó un proceso judicial. No fue hasta 1961, que los norteamericanos publicaron el libro, si bien ya se había leído pues el proceso le valió una popularidad que hizo que el mercado negro se encargara de distribuir generosamente el libro.
Continuará escribiendo novelas y en todas ellas trata sin tapujos, escenas de sexo explícito, en todas estigmatiza de manera irónica pero letal, el puritanismo existente en la sociedad americana y todas ellas fueron censuradas por obscenas en Estados Unidos. No obstante, todas serían distribuidas del mismo modo que la primera. Esto contribuye a fomentar su fama de escritor alternativo, inconformista, maestro de la revolución sexual y enemigo de los valores puritanos y la hipocresía moral.
Terminada la Segunda Guerra Mundial, y debido al éxito que ya empieza a cosechar, se puede permitir trasladarse a vivir definitivamente a California. Sigue escribiendo una literatura socialmente crítica y en 1964 tras tres años de litigios, consigue que la Corte Suprema anule su proceso por escritor obsceno. Se levantó la prohibición sobre Trópico de Cáncer y la obra de Miller pudo ser publicada y distribuida de manera normal en los Estados Unidos.
Toda la fuerza que irradia la obra de Miller, se debe en parte, a que es autobiográfica y vivencial, expresada en un tono crudo y sensual, mostrando una filosofía de la vida absolutamente transgresora e irreverente.
Henry Miller murió el 7 de Junio de 1980. Fue incinerado y sus restos esparcidos sobre el Big Sur, zona de California situada entre Los Ángeles y San Francisco.
http://www.bibliofiloenmascarado.com/2009/12/27/efemerides-henry-miller/

La pequeña muerte
29 nov 2009 Dejar un comentario
in el primer capítulo Etiquetas: abrazo, amor, eduardo galeano, el libro de los abrazos, escritor, literatura hispanoamericana, orgasmo, pequeña muerte, poesía, poeta, sexo, uruguay
“No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y qujidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.”
Eduardo Galeano
El libro de los abrazos.

NANCY CUNARD
22 mar 2009 2 comentarios
in el primer capítulo Etiquetas: años veinte, Aldous Huxley, amantes, aventurera, belleza, cosmopolita, Garcia Lorca, Georges Moore, Hemingway, igualdad, inteligencia, Louis Aragón, Luis Cernuda, mujer fatal, Nancy Cunard, Pablo Neruda, Rafael Alberti, Samuel Beckett, sexo, vampiresa, Wallys Simpson
“El mito de la mujer fatal, la vampiresa de entre guerras, tuvo su inspiración en una aristócrata inglesa. La aventurera recreada por el cine y la literatura, musa de los movimientos artísticos mas importantes del pasado siglo, tuvo un pequeño y desconocido paso por nuestro país. Esta es parte de su historia.
“Si usted, blanca señora, o mas bien los suyos, hubieran sido secuestrados, golpeados y encadenados por una tribu mas poderosa y luego transportados lejos de Inglaterra para ser vendidos como esclavos, mostrados como ejemplo irrisorio de la fealdad humana, obligados a trabajar a latigazos y mal alimentados. ¿qué habría subsistido de su raza? Los negros sufrieron estas y muchas mas violencias y crueldades. Después de siglos de sufrimiento, ellos, sin embargo, son los mejores y mas elegantes atletas, y han creado una nueva música mas universal que ninguna. ¿Podrían ustedes, blancos como lo es usted, haber salido victoriosos de tanta iniquidad? Entonces, ¿quiénes valen mas?”.
Estas líneas estaban incluidas en un folleto de tapas rojas titulado “Negro man and white Lady ship” que fue enviado en navidad a los representantes de la aristocracia londinense de los años treinta. Las escribió Nancy Cunard como respuesta a su reciente expulsión de la familia por parte de su madre, al enterarse de su fuga junto a un músico negro importado recientemente por el Hotel Savoy, junto a una de las primeras bandas de Jazz. Esta fue la forma en que esta quijotesca mujer se vengo de la sociedad londinense de la década del treinta. ¿Pero quien fue Nancy Cunard?
Heredera de uno de los imperios navieros mas poderosos de la época, la Cunard Line. Nancy paso su infancia rodeada de los intelectuales que acudían a las tertulias organizadas por su madre, que pertenecía al circulo intimo de Eduardo VIII y Wallys Simpson. Veladas a las que asistían el joven Aldous Huxley, el famosos director Sir Thomas Beecham (amante de su madre) y el que se rumoreaba era su verdadero Padre, Georges Moore.
Aldous Huxley sucumbió a la misteriosa belleza de Nancy y la convirtió en su obsesión. La transformo en la antiheroina de varias de sus novelas, despechado por el rechazo de la aristócrata. La inglesa desterrada estuvo destinada a formar parte de la decadente sociedad londinense, pero decidió hacer el transito por la vidad desheredada y valiente, comprometiendo su existencia donde hubiera injusticia y dolor. Asi es como se traslada a Norteamérica con su amante de color, decidida a solidarizar con los muchachos negros de Scottboro, acusados de infamias que no cometieron, condenados por la justicia racista americana. Nancy debe huir nuevamente, expulsada por la policía.
La volvemos a encontrar en el verano y el otoño de 1939, en su primer viaje a España en plena guerra civil, como corresponsal de la “Associated negro press”. Aquí encontró dos amistades que se mantendrían largamente.
Una con Ángel Goded, portero del hotel Majestic de Barcelona y la otra con Pablo Neruda, cónsul en Madrid.
George Orwell se encuentra también por esa época en la capital española, donde describe la atmósfera de igualdad, en donde los mozos y los dependientes enfrentaban las miradas de igual a igual. La misma atmósfera que describe Hemingway en sus inolvidables relatos sobre la España republicana, (“Por quien doblan las campanas” y Muerte en la tarde”). La aristócrata inglesa se encuentra en su elemento. Conocidas son sus preferencias por gondoleros, empleados de hotel, taxistas y por los artistas.
Ella encontró al plebeyo cónsul chileno infinitamente mas simpático que al cónsul de Gran Bretaña. Lo sintió un ser calurosos que amaba la buena mesa, el vino y las mujeres. Neruda, que en esa época tiene 32 años, ocho menos que Nancy, le presenta a sus amigos poetas españoles: García Lorca, Rafael Alberti, Raúl Gonzáles Tuñon, Cernuda, Vicente Alexaindre y toda la pleyade de escritores defensores de la republica quedan extasiados ante la belleza e inteligencia de estas mujer maravillosa, que a los treinta años había causado las mismas reacciones sobre los surrealistas.
La mujer cosmopolita que había saboreado las corrientes artísticas de su época como nadie. Se extasió con el cubismo, las esculturas de Epstein, con Stravinski, los ballets rusos, el jazz americano. Discutió con T.S. Elliot, coqueteo con Louis Aragón, que incluso casi termina con su vida, enloquecido por la aristócrata errante. El poeta francés la coloca como protagonista de su novela “Blanca o el olvido”, y se enamora de Nancy de manera demencial. La amenaza con matarse si no es correspondido. Ella lo exhorta a quitarse la vida, agregando de que quedaría muy sorprendida si tuviera el valor de hacerlo. El se va a un hotel e ingiere una cantidad fuerte de somníferos. Vuelca su sentimiento en el “Poema para gritar en las ruinas”.
Ahora se encuentra parada en el ojo de una tormenta de sangre, La guerra civil española. Se da cuenta de que debe tomar parte, y logicamente se opone al fascismo.
Neruda es despedido de su cargo diplomático, al dar apoyo publico a los republicanos. Inmediatamente se pone en acción con sus amigos. Debía defender la causa de la republica con todos los medios.
Pronto se traslada junto a Nancy Cunard a la pequeña casa que esta posee en la campiña francesa, donde tiene una pequeña imprenta tipográfica.
Neruda, que siempre quiso ser tipógrafo, recordaría su impericia como cajista, donde transformaba las letras. Así la palabra parpados se convertía en dardapos, al colocar las “p” al revés en la caja de composición. Nancy, años después, le escribe desde Londres, burlándose, “Mon cher dardapos”. En 1936 apareció, dirigida por nuestro poeta y Nancy Cunard, la revista “los poetas del mundo defienden al pueblo español”. Cada numero contenía poemas de los variados intelectuales y amigos de todo el planeta.
La revista fue un ejemplo seguido en varios países y el dinero recolectado fue destinado a la causa republicana. Pero la balanza de la guerra ya se estaba inclinando del lado del fascismo. El corazón del pueblo fue acuchillado, el poeta granadino Federico García Lorca había sido fusilado por los soldados franquistas, luego moriría el campesino de Orihuela, Miguel Hernández, en una cárcel madrileña. Picasso, desde Paris, inmortaliza el horror de Guernica, pueblito devastado por las brigadas condor nazis.
La causa que había ejercido un magnetismo sobre poetas y artistas del mundo, moría estrangulada por el fascismo. Comenzó la persecución franquista, Neruda organiza el viaje de cientos de perseguidos, en lo que el ha llamado la causa mas noble de su vida, el viaje del pequeño barco “Winnipeg”, repleto de refugiados españoles, hacia el amparo del gobierno de chile y el presidente Pedro Aguirre Cerda.
Nancy Cunard también viaja a chile, con una visa conseguida por su amigo Neruda. Después de una travesía de cinco semanas, la escritora inglesa desembarca en Valparaíso. Viene acompañada de un joven torero.
La aristócrata que bebió con desenfreno la bohemia londinense, en los altos y bajos fondos de la city retratada por Dickens, sigue bebiéndola en nuestro país, pero ahora en las picadas de la calle san Pablo y Bandera. Aquí juguetea con el ratón agudo, amigo de Neruda, sin comérselo.
El joven torero la abandona al poco tiempo y se instala con un local de salchichas y embutidos. Nancy toma por amante a un desdentado poeta provinciano, borrachín empedernido que la golpea con regularidad británica, lo que la obligaba a presentarse con gafas oscuras durante el día.
Su paso por nuestro país duro veinte meses, en los cuales revoluciono el ambiente de la época.
La mujer fatal de entre guerras viaja por el mundo provocando escándalo con su sexualidad exhibicionista, sus pugilatos, sus borracheras en publico. Peleaba donde podía con la policía, causando espectáculos callejeros.
Siguió escribiendo apasionadas denuncias dirigidas a jefes de estado, acusando cualquier injusticia en el mundo.
Pronto viene una reclusión en el hospital Saint Clemens, del East End en Londres, consigue salir pronto pero es encerrada nuevamente.
Las crisis se agravan con el tiempo.
Estaba perdiendo la razón, deliraba.
Durante el ultimo año de su vida pesaba 26 kilos. Hablaba sin parar, haciendo reminiscencias de sus antiguos amores. Su antiguo enamorado, Louis Aragón, sale en defensa de la mujer por la cual intento suicidarse.
En la ultima época de su vida, arrienda un miserable habitación en un hotel parisino de ínfima categoría. Los clientes que subían por las escaleras la encontraban sentada en los peldaños. Se detenía a tomar descanso para el alucinante viaje a su habitación en el tercer piso, que demoraba dos horas.
Ella los acosaba con preguntas. “¿Conocen a Pablo Neruda? ¿Piensan ustedes que obtendrá el premio Nobel este año?”. Luego les pedía averiguar si Samuel Beckett estaba en la ciudad.
El 16 de marzo de 1965, la que fuera imagen rebelde de entre guerras, expiraba en el hospital cochin de Paris.
Moría solitaria en la cámara de oxigeno del hospital parisino. El “Evening Standard” dio el adiós doloroso a la reina de los años veinte, la figura excéntrica de los años locos.
Alrededor de su figura flotan las melodías de esa época única en el siglo XX. Los blues y spirituals afro americanos, el jazz, las baladas de la España republicana y los himnos inmortales de la poesía francesa moderna.
Una extraordinaria mujer que se estrello contra lo mas odiado, su clase.
Y que a pesar de ello, realizo el paso por este mundo con soberbia y apego a sus principios, librando desafiante la lucha hasta la ultima batalla. “
http://muertealatardecer.blogspot.com/2007/12/nancy-cunard.html
Escuché su biografía en la radio y me fascinó. Sólo hay un dato que no me cuadra, y es que en la radio oí que era ella quien se enamoró perdidamente de Aldous Huxley, y que fue él quien no quiso continuar con ella, y que Nancy nunca pudo olvidarle hasta su muerte.
Una tía muy interesante…

UNA GOTA DE LUJURIA
26 feb 2009 Dejar un comentario
in el primer capítulo Etiquetas: alimento, Anne Rice, lamer, Lestat, lujuria, menstruación, olfato, olor, sangre, sexo, tentación, vampiros
“Pensé en su menstruación, absorbida por una compresa de algodón blanco que llevaba entre las piernas. Era un olor muy intenso, deliciosamente penetrante. La idea de lamer esa sangre empezó a atormentarme. Aunque no sea propiamente sangre, la contiene y sentí la tentación que experimentaría cualquier vampiro en mi lugar: lamer la sangre que fluía entre sus piernas, alimentarme de ella sin hacerle daño.”
Lestat de Lioncourt
Anne Rice
“Memnoch el diablo”

TÚ YA LO SABES
23 feb 2009 Dejar un comentario
in Se encuentra bien: está narrando Etiquetas: gay, homosexual, sexo, yaoi
En el cuarto que compartían desde que eran dos bebés, disfrutaban de un poco de intimidad. En la cama, Héctor se alojaba entre las piernas de Diego, apoyando la cabeza en su pecho, que sentado, se acomodaba sobre las almohadas. Su madre les había suplicado por favor millones de veces que se quitaran las zapatillas cuando subían a la cama. Bendita adolescencia, inocente aún, y terriblemente despreocupada.
Diego acariciaba con la punta de los dedos el vientre de Héctor, por debajo de la camiseta que vestía, completamente absorto en la música que estaban escuchando, compartiendo auriculares. Sonaba una canción que se habían dedicado el uno al otro. Y cuando sonó el estribillo, dulce, desesperado, sincero, Diego besó con suavidad el cuello y la mejilla de Héctor. Y éste, sonreía y se dejaba hacer.
-Te voy a destrozar la vida. Y tú ya lo sabes.- susurró Diego en el oído libre de su hermano. Él siempre tan catastrofista
-¿Eso es una amenaza?- respondió Héctor con una sonrisa. Sabía de sobra por dónde iba.
-Es una maldición. No vas a salir con nadie, no podrás casarte, tener o adoptar hijos… voy a destrozarte la vida. Debería dejarte marchar.
Héctor giró la cabeza para encontrarse con unos ojos exactamente igual que los suyos, una expresión idéntica… que para él era completamente distinta a la suya.
-Cállate y no digas más tonterías.- Héctor buscó sus labios y depositó en ellos otro dulce beso más.
-No son tonterías, piénsalo.- la angustia en la voz de Diego, hizo notar que sus reflexiones iban más allá que las suyas propias. Sí, tenía razón, todo lo que Diego temía era cierto. Echaría en falta muchas cosas. Pero ¿acaso cualquier pareja no echaba en falta cosas? ¿Por qué tenían que ser ellos distintos a los demás? Aparte de lo evidente, no era todo tan distinto…
-¿Quieres que te deje marchar, Diego?- dijo Héctor poniéndose serio. El simple hecho de hacer el ofrecimiento, no significaba que Diego lo aceptara. Tardaría tiempo en aceptarlo.
Ahora la sensación de vértigo era tan increíblemente estimulante, el peligro tan fantástico, el cuerpo que le abrazaba tan cálido y fragante… Héctor era demasiado joven como para comprender que todo aquello pasaría, pero era lo suficientemente listo como para intuirlo. Los brazos de Diego se cerraron en torno al cuerpo de Héctor y pegando la nariz a su nuca, respiró el aroma de su cabello.
-Ni en broma.
-Pues relájate y disfruta ¿no ves que lo único que deseo es que me jodas la vida?

Quiero olvidarte
30 dic 2008 1 comentario
in Se encuentra bien: está narrando Etiquetas: amor, dolor, nostalgia, olvido, pensar, sexo
No puedo evitar el pensar en ti. Y eso no me conviene. Pienso en ti, amor, como ves, en términos económicos. Y tú no eres una buena inversión. El coste por nada es demasiado alto. El precio, inalcanzable. Más me valdría olvidarme, pero es lo que tienen estas cosas, que se adhieren al ser equivocado de una forma tal, que no hay manera de despegarlas.
La sensación de que estás presente, se agudiza en las pocas ocasiones que mi cuerpo entra en ebullición, intentando imaginar tenerte entre mis brazos. Pero como siempre, para seguir la costumbre tristemente adquirida a través de los años, me toca, si quiero evitar volverme loca, calmar mi ansia, y renunciar. No estás. Simplemente eso. No quiero sexo nunca más.
Sin quererlo, vuelvo y vuelvo a la evocación, rescatando el primer recuerdo que en mi archivo guardo de ti. Cuando me doy cuenta de que ya estoy haciéndolo de nuevo, cierro el cajón de golpe, pillándome los dedos, alguna que otra vez. Pero a veces, el dolor en otra parte del cuerpo, puede aliviar el del alma. Si más no, al menos, lo distrae.
Ando por la tarde, rayana al crepúsculo. Entre las luces artificiales, la humedad del ambiente que mi abrigo no consigue frenar, el sonido irritante del tráfico, mi mente es una huerta fecunda en la que nacen las más variadas historias. Brotan como brillantes frutas, inspiradas en esos ojos con los que me acabo de cruzar, en la forma en que una pulsera de cuero ciñe la muñeca de un hombre, en ese perro que tira de su amo-niño… y de repente, surges tú. ¿Pero a ti quién te ha invitado? No te quiero en mi fantasía, porque sólo me haces daño. Y entonces el “te echo de menos” se agudiza. Nunca he podido enfadarme contigo en serio.
Y así pasan los días, inactivos, paralizados, vacíos de sentido, alimentando una esperanza condenada a muerte. Si al menos pudiera contabilizar en la gente que pasa por mi lado, los que poseen el mismo mal que yo, el consuelo seguiría siendo vano, pero al menos no estaría a solas con él. Y mientras tanto, sigo andando. Sé que cuando me pare, jamás echaré a andar de nuevo. Y hago planes absurdos para huir de esta ciudad, de esta provincia, de este país, de este mundo… sólo es fantasía. Sé que donde vaya, lo llevaré conmigo.











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