Espías aficionados.

Así como todo tiene su tiempo, lo bien cierto es que algunas cosas permanecen (previa mutación para adaptarse) y otras, simplemente se extinguen.

Eso es lo que me está pasando con Facebook. Bueno, en realidad, no se ha decantado aún por ninguna de las dos opciones. Pero con el tiempo lo hará. Incluso, debido a su naturaleza, puede que haya otro camino: el estancamiento, el suspenso. El stand-by.

El otro día conocí gracias a unos amigos, a un hombre muy agradable. Nos caímos muy bien y la conversación fue amena, así que decidimos quedar otro día para continuarla. Así es como se hacen amistades. De toda la vida.

Yo uso mi Facebook como:

-Un álbum de recortes: Pego en mi muro todo aquello que llama mi atención. Chistes, canciones, poesías, reflexiones, estados de ánimo, pensamientos…

-Comunicador: Para personas que viven lejos de mí y mantener el contacto con ellas. Personal y para proyectos.

– Método de aprendizaje: Me apunto a páginas cuya temática me resulta interesante.

-Tarjeta de visita: Si alguien quiere saber de mis gustos, ahí se encuentran todos: música, cine, literatura, humor, etc…

Después de este pequeño paréntesis aclaratorio, continuamos con la historia.

Cuando quedamos para charlar, nos fuimos a tomar una cerveza. Lo pasamos muy bien, tranquilos y sanamente. Como se hacen los amigos… de toda la vida.

Tras nuestro primer encuentro, nos agregamos a Facebook. Nos gustó la música que ponía el otro. Coincidíamos en eso. Es un muy buen tema de conversación.

En la charla con cerveza, inevitablemente apareció el tema: Facebook. Y él comenzó a narrarme verdaderas historias de terror de cómo la gente se espía, se controla y rebusca entre datos, fotos, horas de publicación, etc etc…

No niego que alguna vez en estos ocho años que tengo mi cuenta abierta, haya entrado en el perfil de otra persona (sobre todo si había algún sentimentalismo por enmedio) para suspirar viendo esa foto en que sale tan bien. O darle al megusta a esa canción que secretamente me dedicó… pero de ahí a ejercer de agente de la KGB… hay un trecho. ¿Qué me importa a mí con quién hable o deje de hablar? ¿En serio tengo que ir a ver si este ha dicho, el otro ha dicho, el de más allá le ha contestado y cuándo? Pffff… Dios, qué aburrimiento.

Ya lo sé. Estoy gilipollas. Eso está  a la orden del día.

La conversación me puso nerviosa… y me puso nerviosa porque la evidencia que me presentaba, amenaza completamente el estilo de uso que yo le doy a Facebook. Creía que sano. Ahora, a pesar de que me sigue importando un pepino quién mira o deja de mirar (lo que no quiera que se sepa, no lo pongo. Tan sencillo como eso), no puedo evitar pensar si habrá quien me espíe o conspire, o saque conclusiones erróneas a partir de mis publicaciones tan bobaliconas e inocentonas. Conclusiones que si se sacan, pueden llegar a afectar una relación personal en la realidad. Y lo que es mucho peor… que crean que yo pierdo el tiempo en espiar, conjeturar y montar películas absurdas en función de lo que veo por ahí. Esta última idea es la que más me joroba. Gracias a alcahuetas (y alcahuetes) profesionales, nadie me cree cuando digo que mi muro es mío y que me centro en él, no en el de los demás.

Mucha gente reniega de Facebook. Pero lo bien cierto, es que yo he sacado muy buen partido de él a nivel personal e intelectual. Si sabes buscarlo, está todo. He conseguido amistades a través de él. Incluso alguna relación, que de otra forma, no habría sido posible. Me ha hecho compañía en momentos de mucha soledad y ha reforzado vínculos. También los ha roto, pero no por culpa del medio, sino de la naturaleza y circunstancias de dicha relación.

Ahora, si le das al megusta en tres canciones del muro de otra persona (porque, coño! es que te gustan!) ya eres un psicópata y todos SUS amigos van a pensar que ahí hay un interés oculto. Y joder… sólo compartes el mismo gusto musical… Si te pasas de interacciones por día, ahí hay tomate. Si subes algo a las cuatro de la mañana, no es que te hayas despertado y ya no puedas dormir más, sino que estabas por ahí cuando tú dijiste que esa noche no salías y se te mosquean tres amigos que te dijeron de ir por ahí… pffffffff. Y sobre todo, lo más grave para mí, es que una persona con la que tengas mucha relación y un verdadero interés por compartir cosas, no te acepte porque piense que puedes espiarle y tratar de controlarle.

Es duro ser rara. Así que no quedará otro remedio que ser inteligente y adaptarse.

El lamento del príncipe.

“A pesar de que mi prole ha recogido profusamente episodios de nuestra historia por escrito, no soy partidario de dejar detalles demasiado íntimos en papel. Y mucho menos sobre mí. Así que el destino de estas letras, irremediablemente será el fuego.

Pero esta noche lo necesito.

Mi nombre es Lawrence. Muchos olvidan su apellido con el paso del tiempo, pero yo no. Yo fui Lawrence Taylor hace muchos años. Ya no lo soy. Ahora soy Lawrence. Soy un tipo muy importante en mi territorio.

Pero ante todo soy un ser oscuro y vengativo. Un monstruo con apariencia de ángel. Soy un asesino cargado de ira contenida que he ido acumulando año tras año. Y de la cual no consigo desprenderme.

En mis venas no hay sangre. Hay pura ponzoña. Cuando mis esposos beben de mí, les parece maravillosa. Casi un milagro. Pero yo oculto en mi corazón todos los secretos que vendrán conmigo al más allá. Y aunque en su sabor no se refleje, la vibración es inevitable.

Estoy triste y cansado de soportar esta carga que no puedo depositar en nadie, si no deseo que la otra persona sienta que vive en el infierno y que ocurra lo que ocurra, no hay salida.

Bien sabe Dios que he tratado por todos los medios de canalizar y dar salida a mi pesar. Todos los conocidos: físicos, espirituales, mágicos. He cambiado y transmutado tantas veces para solucionar el problema que estoy en condiciones de llamarme Maestro. Pero como mucho, he logrado conseguir encerrarlo y evitar que se derrame. Si no fuera así, me habría destruido a mí y a todo lo que amo. Y ese es mi gran impedimento: lo que amo.

Amo fiel y cruelmente a muchas personas. Les amo a pecho descubierto, desafiando a ese tormento interior a que toque un solo pelo de sus cabezas. Aunque en los momentos tiernos mi mirada sea clara y una sonrisa ilumine mi rostro, en realidad lucho desesperadamente por contener los viscosos tentáculos negros que anidan en mi pecho. Todo comenzó al poco de ser elegido para mi cargo. Mi corte apenas me conocía y yo tenía mucho trabajo. Mis noches eran plenas. Pero, ay… una acerada sensación se apoderaba de mí cuando antes del amanecer me recluía a solas para luchar contra la bestia, en una batalla silenciosa que se repetía cada día mientras yo, tumbado en mi lecho de seda, fijaba la vista en el techo hasta que afuera, la luz solar venía a mi rescate, golpeando mi conciencia, dejándome sumido en un sueño que podría calificarse de cualquier cosa menos reparador.

Mi carácter se volvió terrible. Gracias a eso, mantuve lejos a mis enemigos. Pero tampoco nadie podía acercarse a mí.

Me torturé durante años en un páramo helado situado en mi interior, mientras poco a poco, iba convirtiéndome en leyenda.

Si el sol era lo único que me aliviaba ¿cómo resistir la tentación de que me librara definitivamente del mal que padecía? Cada noche fantaseaba con dejar la ventana abierta. Unos minutos de dolor y luego… paz. Nada. Polvo.

La muerte es muy atractiva para alguien como yo.

Sophie comenzó a acompañarme en mis días y siempre le agradeceré que los hiciera más llevaderos. Su piel y su alma eran un bálsamo para mis primeras y recientes heridas. Hasta que por mi culpa, ella se convirtió en una laceración más. Tan buena es, que insistió en comprenderme y perdonarme. Y su perdón sólo consiguió que a la bestia le naciera otro tentáculo.

Hace años que ya no mato.La sangre de la Diosa quitó esa necesidad. Pero al principio, siendo muy joven (setenta u ochenta años) cada cierto tiempo necesitaba segar una vida para no morir. Entonces veía a mi verdadero yo.

Salvo el episodio que ocurrió cuando uno de mis esposos necesitó matar por primera vez, (fue fallo mío), siempre les recomendé que buscaran una vida que se extinguía ya. Nos saciaba igual y muchas veces agradecían la visita de un ángel de la muerte. Era un intercambio digamos, moral.

Pero eso lo descubrí con el tiempo. Mis primeras cacerías buscaban víctimas que fueran una lacra social. Pero fuertes y llenas de vida.Y las mataba con sadismo, con disfrute, con dolor. La sangre era para mí. El sufrimiento alimentaba a la bestia. Y lloraba al final al descubrir que en lugar de aplacarla, sólo había conseguido aumentar su vigor.

Miro a mis esposos durmiendo ya, abrazados, esperándome para completar esa perfecta tríada y considero un verdadero milagro que hayan sido capaces de pasar por al lado de la bestia, riéndose de sus tentáculos,sus amenazas y ataques. Son valientes y los amo. Porque supieron llegar a mí a pesar de todo. A veces los miro a los ojos y trato de vislumbrar si ellos también tienen una bestia oscura anidando en su pecho. Los he visto crecer frente a mis ojos, pero no estoy en sus mentes. Quizá la tengan, quizá sea diferente a la mía. No lo sé. Quizá sólo haya puro amor en ellos. Ojalá así fuera, aunque no lo creo…

Sea como sea, y sabiendo que muchos de los viscosos brazos nacieron gracias a ellos, sé que lo único que me hace un poco más soportable el dolor, es cuando los abrazo y les ofrezco mi fragilidad. Entonces siento su calor y la bestia se aplaca un poco. Al menos, se adormece por unas horas…”

Temblores

El otro día puse una foto de perfil donde me subo las gafas de sol con el dedo corazón. Así, gamberra y desafiante. Una broma de chica dura. No faltó quien me llamara la atención. No porque se sintiera molesto u ofendido. Sino porque pensaba que yo debía dar una imagen algo más elegante. Supongo que tiene razón. Debería. Pero es que no me nace.

Esta anécdota no tiene mayor importancia para mí. Además, creo que es un buen consejo. La elegancia no hay que perderla nunca. Aunque a días me siento traviesa. Es como reírse a carcajadas mientras lloras. A veces ocurre. A veces es necesario para soportar algunos dolores. Algunas incertidumbres. Ocurre al darse cuenta de que esos dolores no son por nadie en concreto, sino por una misma.

Todo el mundo tiene claro qué referente deberían tomar los demás para sus comportamientos. Pocos tienen claro qué referente tomar para sus propios comportamientos. Eso es natural. Ni siquiera es egoísta.Es normal. Andamos a trompicones por la vida intentando mantener valores universales, defendiéndolos a ultranza, convencidos de que son el único pegamento que nos une a aquello que nos salva de volvernos completamente locos. La mayoría nos limitamos a esperar a ver qué pasa y sortearlo con mejor o peor giro de cadera. Por muy estructurado que esté todo en nuestra vida. Los imprevistos no se llaman así por casualidad. Y a todos nos ocurren. Los imprevistos buenos y los malos.

Por eso yo pido muchos consejos. Y cuando se me escapa el dar alguno, me arrepiento al instante. Lo malo es que pedir consejos, te hace parecer débil. Aunque a lo mejor seas mucho más fuerte que quien tiene apariencia de tenerlo todo bajo control. Pero ya se sabe… la imagen.

Y aquí andamos… sobre un suelo tembloroso sin nada a lo que agarrarnos, tratando de mantener el equilibrio. Desde la cuna hasta la tumba.

Días tontos.

Hay días tontos y tontos todos los días. Empiezo a sospechar que la tonta soy yo XD.

No, en serio. Hay días que son de “impasse”. Lo único que puedes hacer, es esperar. (Y por supuesto rezar para que la cosa no pase de impasse a jodida).

Días aburridos, esperando a que pase algo. Cuando has pasado un día intenso, (bueno o malo. O con una de cal y una de arena) como el día siguiente te salga normalito, aburridín y rutinario, se te llevan los demonios. Si una tiene un temperamento que necesita marcha-marcha, pues pataleta asegurada. Y como decía antes, cállate que podría ser peor.

Hasta las redes sociales están sosainas hasta el algoritmo. Y nadie te contesta al wasap. Y nadie te manda un mail. Ni ná. Que este huevo quiere sal, coñe! Que los días que queréis vosotros yo sí que contesto XD.

Bah, sólo es un comentario. Una ya ha vivido lo suficiente como para saber que todo pasa y todo llega. Y que todo tiene su lugar y su espacio. Hasta los días sosos. Y por supuesto, que nadie tiene el deber de entretenerte. Que ya somos mayorcitos, y nos compramos los juguetes solitos.

Poniéndonos en plan miserable, podemos decir esa célebre frase.

No news, good news.

The killing type. Amanda Palmer

I wouldn’t kill to win a war
I don’t get what they do it for
It’s all so terribly vague
I see the pictures from a thousand years of battle
And I think it’s such a bore

I walk New Orleans with a knife
Like Mackie hidden out of sight
But I’d be useless if they jumped
I’m really not the killing type
Oh, oh, oh, oh, oh

I’m not the killing type
I’m not the killing type
I’m not, I’m not
I’m not the killing type, I’m not

I’ve got a picture of your mum
Before the war when she was young
She’s got an etching to her right
I think it’s funny that she’s looking to the left
And it’s her son

I wouldn’t kill to get you back
And I’ve officially been asked
I couldn’t kill to save a life
I’d rather a die a peaceful piece of shit-bait
Shame-filled coward
Thanks

I’m not the killing type
I’m not the killing type
I’m not, I’m not
I’m not the killing type, I’m not

But I would kill to make you feel
I don’t mean kill someone for real
I couldn’t do that, it is wrong
But I can say it in a song, a song, a song

And I’m saying it now
I’m saying it so
Even if you never hear this song
Somebody else would know
I’m saying it now
I’m saying it so
Even if you never hear this song
Somebody else will know, know, know, know

I just can’t explain how good it feels
I just can’t explain how good it feels
I just can’t explain how good it feels
I just can’t describe

I once stepped on a dying bird
It was a mercy killing
I couldn’t sleep for a week
I kept feeling its breaking bones

I heard that if you see a star at night
And the conditions are just right
And you are standing on a cliff
Then you can close your eyes
And make a wish and take a step
And change somebody’s life

I’m not the killing type
I’m not the killing type
I’m not, I’m not
I’m not the killing type, I’m not

But I would kill to make you feel
I’d kill to move your face an inch
I see you staring into space
I wanna stick my fist into your mouth
And twist your Arctic heart

Yes, I would kill to make you feel
I don’t mean kill someone for real
I couldn’t do that, it is wrong
But I can say it in a song, a song, a song

And I’m saying it now
I’m saying it so
Even if you never hear this song
Somebody else would know
I’m saying it now
I’m saying it so
Even if you never hear this song
Somebody else will know, know, know, know

I just can’t explain how good it feels
I just can’t explain how good it feels
I just can’t explain how good it feels
I just can’t describe-ibe-ibe-ibe
Die, die, die, die, die, die, die, die
I’m not the killing type

 

“Algo ha fallado, inténtalo de nuevo”

 

En una ciudad cualquiera,
gobernada por la noche
desde los cuarenta grados, hasta el postre de cocaína,
en el baile de semáforos y las luces de freno,
existe el engaño,
en el olor burgués
de una camisa recién planchada.

La sucia lluvia no lava
más besos nunca dados,
caídos en alcantarillas, ni las dolorosas ausencias,

Bebe una más para disipar la duda,
de si el viento te despeinará,
(a la derecha o a la izquierda)
cuando avances siendo el caos hasta tu cama.
Y te sepultes
en preguntas que devoran,
horas y amaneceres.

Luz azul del alba que no prende
un palpitar orgánico
en caída libre. Después, el asfalto.

Grito mudo, rabia sorda.
Vómito.
Tu sudor te recuerda que sigues siendo humano.

Niñatas cuarentañeras

Si es que nos pasamos el día tirándonos piedras sobre nuestro propio techo de cristal…

Últimamente he estado frecuentando varios blogs mal llamados feministas, que sinceramente, si eso es el feminismo de tercera ola (yo dejé de contar olas excepto cuando voy a San Juan a la playa, y de eso ya hace mucho), apaga y vámonos.

Es tristemente jodido ver cómo tus congéneres bajo la excusa de reivindicar cosas que ya deberían estar más que asumidas, se siguen aferrando a ellas en modo lloriqueo. El otro día, que si una con cuarenta y tantos, se echa las manos a la cabeza porque tiene el cuerpo otoñal ¿Si? ¿No jodas? ¡Qué raro nena!  Por otro lado, no para de quejarse de que no se come ni un colín. Que le han salido telarañas…  que si el estrés, que si los niños, que si los atascos, que si su curro superguay de viajar mucho y escribir mucho (no se puede quejar una dependienta de panadería o una barrendera de que no folla. Eso no tiene glamour alguno….) Chica, qué quieres que te diga… quizá hayan mejores formas de reivindicar el feminismo que la queja constante sobre la vida que te ha tocado llevar.

Quizá (no sé, es una opinión personal) es mucho más digno (yo es que soy mucho de conservar la dignidad) poner tu granito de arena, tu experiencia, los fallos que has detectado en matrix, al servicio de la sociedad, para que dé realmente la impresión de que quieres dejar un legado digno a las generaciones posteriores (________ inserte aquí su motivo altruista), y deja de mirarte el ombligo, que cuando se te arrugue del todo, no quiero pensar en la brasa que nos vas a dar. Que todo esto ya lo inventó Bridget Jones y como peli de domingo, cuela. Como modus vivendi, no. Ale, vamos a madurar un poquito, que ya van siendo horas ¿eh? Y con madurar quiero decir:

– No quieras estar como cuando tenías 20 años. Ya los tuviste. Ya pasó. Y eso debe servirte no para que te lamentes ahora, sino para que te aceptes de una puta vez y mandes al carajo la presión social, que hasta la dictadura duró 40 años nada más.

– No quieras follar como cuando tenías 20 años. Que mola, pues claro que mola. Pero busca calidad. Si buscas comerte yogurines, recuerda que Mrs. Robinson sólo había una. A cierta edad, debería llenar más una buena conversación y un vino en condiciones (y si surge algo más, de p.m. y si no, tienes dedos) que un chavalote fornido que no te va llamar nunca más.  (Y que luego lloriquearás de blog en blog y de red social en red social…)  ¿En serio, querida? ¿Quieres dar esa lastimosa imagen? ¿Ese es el ejemplo que quieres dar? ¿Es que no tuviste bastante en tus 20 o 30 de todo eso? Tu obligación como humano es evolucionar a tu mejor versión. (Puta frasecita, pero me venía al pelo).

– Deja de quejarte de que si la ropa de los niños, las madres de los demás, los cumpleaños de los compañeros, los libros del colegio y lo loca que vas arriba y abajo. Se veía venir antes de tener niños ¿no?. Mi consejo es que centres tus energías en luchar por una conciliación más justa y dejar un mundo mejor para ellos.

– ¿Qué pasará cuando tengas problemas reales y poco glamourosos? Padres ancianos, enfermos en casa, situaciones económicas malas, trabajo precario, incompatibilidad grave de horarios, problemas legales… y un largo etcétera que no es ni rosa ni blandito, sino el puto infierno, por el que realmente deberías estar peleando a nivel personal y social… ¿Te comparás un cuaderno de Mr. Wonderful para recordarte que tienes 365 días de aventuras con sonrisas y helados pintados en la tapa? Si, te vendrá bien para anotar las citas del médico, del abogado y del paro. Apunta también cuando haya una manifestación. Quizá no esté todo perdido.

Ser auténtica es otra cosa. Más discreta, menos vista, más apartada de un modelo veinteañero. Sorprendente, sin pelos en la lengua. Capaz de ponerle las pilas a tus hijos, a tu familia, a un imbécil en el autobús o incluso al yogurín que pensabas comerte antes de que abriera la bocaza y la cagara, por x motivos. Es hacer lo que puedas dentro de tus límites y no hacer el menda, esperando el aplauso social. Es no deprimirse por el declive físico, pensando que jamás vas a gustarle a alguien. Hay que quitarse ya esas mierdas de la cabeza. Para que otras se las puedan quitar mirándote a ti. También significa anestesiarse un poco las emociones, controlarlas. Da mucha autoridad y sobre todo, tranquilidad. Dale la vuelta a la tortilla, joder. Pon en práctica lo que estás pregonando. Y deja de comportarte como una niñata.