No sirvo para escribir. Y ya.

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Lo sospechaba desde hace mucho,pero he confirmado que no sirvo para escribir.

No sirvo. Y ya está. Como decían Franz Ferdinand, el sol no se tragará el cielo, las estatuas no llorarán.

Ya no es cuestión de seguir el consejo de los grandes maestros de la literatura. De hecho, cada uno te cuenta la misa como le ha ido. (¿Veis? Lo de usar refranes y frases hechas, por ejemplo, está muy mal visto. Abominan casi todos de ello. ¿Qué pasa? A mí me gustan los refranes. ) Hay cientos de miles de millones de consejos que van desde Bukowski, recomendando en “¿Así que quieres ser escritor?” que te salga de las tripas, como una necesidad física básica, a otros más sesudos, pero innumerables en todo caso. Cito a Bukowski porque lo puso en forma de poema en lugar de decálogo o lista más o menos larga, que es como suelen presentarse este tipo de asuntos. Y me pareció más original, simplemente. Pero en fin, que me lío: lo que quiero concluir, es que si le haces caso a Chéjov, a García Márquez, Atwood o Gaiman (nótese la disparidad en todos los ámbitos), está bien. Porque más o menos, todos recomiendan lo mismo. Luego tú te apañas con tu gramática y tu ortografía. Esas, son más inamovibles (si pretendes que alguien te entienda). Y con el estilo y la temática, apáñate también, que oye, no te lo van a dar todo masticado.

Casi todo se resume en lo mismo (a grandes rasgos): SÉ TÚ MISMO/A. Luego está todo lo demás. Luego, si te gustan los refranes, ponlos. Si te dan dentera, pues no los pongas. Yo que sé. Igual creas un estilo literario nuevo.

En el “tip” número 16 de Chéjov encontramos una perlita que nos viene estupendamente para explicar la siguiente idea:

“No es la escritura en sí misma lo que me da náusea, sino el entorno literario, del que no es posible escapar y que te acompaña a todas partes, como a la tierra su atmósfera”.

Si es que está todo hablado ya… y escrito.

Pues si. Os contaré una anécdota. Era el verano de 2017. Estaba siendo un mes de agosto particularmente caluroso. Tras unos días donde la temperatura había aflojado un poco, volvíamos a padecer un intenso calor húmedo. Yo había elegido trabajar ese mes, esperando que la gran masa de gente que poblaba la ciudad, se hubiese volatilizado. No me importaba su destino. Sólo quería una ciudad con los signos vitales muy débiles.

Como todo tiene un precio, la tranquilidad incluía el hecho de que mi bar favorito estuviera cerrado. Así que desde hacía varios días, intentaba establecer una rutina, en orden de seguir los impulsos de seguridad que mi personalidad siempre me había dictado. Y unas calles más allá, encontré una panadería donde vendían bollería para turistas, justo enfrente de una librería. Así que llevaba varios días comprándome una empanadilla de tomate y atún, que me comía de vuelta al trabajo, después de haber entrado a dar una vuelta a la librería. 

De repente, como personas que “ensucia papeles” (adopté ese término para referirme a mí misma y mi bendito hobby), me sentí abrumada. Grandes obras de la literatura universal, ediciones raras y originales, diccionarios, libros para niños, autoayuda, ediciones cutres de grandes libros y ediciones lujosas de libros cutres… 

Sé lo que se siente al ver en negro sobre blanco un texto tuyo. En medio de ese entorno literario que a Chéjov le provocaba náusea, se había abierto un claro en el cual me sentía arropada, espiritual, emocional y artísticamente hablando. Este rincón, era el lugar perfecto para mí. Y me acogió sin reservas. Era la excepción que confirma la regla. Sí que hay de todo en el mundo literario. Y algunos sitios, son cálidos y amables. Y este lo era y es para mí. 

Pero de repente, me sobrecogí. En una librería, los libros hablan. Hablan todos a la vez. Hablan los autores de renombre, hablan los noveles, los desconocidos, los cocineros metidos escritores. Habla todo el mundo allí. Hay una algarabía silenciosa que os juro que se oye. Y entonces, te maravillas pensando: “Wow… qué pasada…” y a la vez piensas “Jamás seré digna de estar en estas estanterías. Soy demasiado vaga para corregir, editar, repasar, volver a editar, volver a corregir… (y recortar. En mi caso, recortar),  para sacar un mínimo decente.” Y ves el libro “Ciento cinco consejos sobre cómo podar plantas de interior” de Joanne Winter-Jameson Pattern (es un decir, no existe ese libro) y piensas… “Si esta ha publicado, a mí me dan un Pulitzer”. Y te sientes fatal porque el tema es intentar no perder la humildad, que si no vamos mal. Y a la vez, abandonas la idea porque de lo abrumada que estás, acabas de perder la confianza en ti misma para los restos. Y encima te importan un pito las plantas de interior. Y luego te entra la pereza mortal de tener que pelearte con gente mucho más válida y cabezona que tú, que se está haciendo un hueco en el panorama editorial este tan raro, tan fragmentado, tan vilipendiado y tan cambiado debido a internet, a fuerza de dar puñetazos a lo que haga falta y dejarse la piel. 

Y tú, ahí, con tu libreta  y tu boli. Ale, ale, bonita…

Lo dicho: No sirvo para escribir. 

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Matar la feminidad.

Cualquiera que no esté ciego (y que quiera verlo), se dará cuenta de que hay un sentimiento global de acabar con la parte femenina del universo.  Sin duda, ante tal afirmación, habrán voces en contra, carcajadas e insultos. Pero es un hecho. Lo femenino, el concepto de femenino, molesta a nuestro sistema. Es la parte sensible, paciente, alegre, pensante, creadora. Es todo aquello que el sistema odia. Por eso, quieren acabar con ella.

Los femicidios son la parte más visible. Pero luego hay un despliegue de medios que se ha recrudecido en los últimos años para socavar la feminidad y derrocarla totalmente. Por ejemplo: se ha pasado de la convención poco ventajosa para las mujeres del matrimonio tradicional, a una trampa en las relaciones personales en que las mujeres son objetos de usar y tirar: follamos, pero sin sentimientos (dicen muchos hombres). Y se escudan bajo un libertinaje ausente de responsabilidad ninguna, no en el plano material o afectivo, sino simplemente en lo relativo a un entendimiento o a una diversión compartida. No debería valer follar y desaparecer. Debería valer follar con consentimiento mutuo y buen rollo. Pero no. En cuanto la parte festiva femenina aparece, se intuye como un signo de opresión. Y lo masculino sale huyendo. Evidentemente la que debe quedar a la espera es la mujer. Si es ella la que lo hace ¿qué ocurre? Pues que se le tacha de puta. Como siempre ha ocurrido.

La maternidad subrogada: unos hombres trajeados que jamás sabrán lo que es gestar un hijo, legislan sobre el cuerpo femenino. Como en el aborto. Y dicen: ¿vuestro cuerpo es vuestro para abortar pero no para producir bebés para ricos? Efectivamente, así es. El cuerpo de una mujer es suyo. Tome la decisión que tome. Pero no se puede usar el argumento de la maternidad subrogada contra el aborto, porque en ambos casos, la última palabra siempre es de las mujeres. En el primero, cualquiera con dos dedos de frente, puede ver la transacción comercial detrás. Y parafraseando a Almudena Grandes, con la autoridad que me da haber gestado, sé que un embarazo es un proceso femenino, ligado no sólo a lo físico. Tiene mucho de sentimental y una cantidad inconmensurable de espiritualidad. El aborto, es una realidad por la que ninguna mujer quisiera tener que pasar. No es un deporte. A veces, es una opción ligada a la supervivencia en una sociedad machista, que no deja lugar a las mujeres. Y la supervivencia también es un instinto femenino. La prueba está en la censura a la que se somete a mujeres que voluntariamente no quieren tener hijos.

Se elimina la parte femenina en el sistema educativo, convertido poco menos que en una empresa proveedora de mano de obra para el sistema, negando cualquier flexibilidad que se adapte a las características diferentes de los niños que se “educan”.

Se elimina la parte femenina en el mundo laboral, donde las tristemente históricas reivindicaciones igualitarias, mutan en forma de burla, alegando una irreal igualdad en salarios y derechos, que lejos de estar materializada, cada día se diferencia más. En los horarios, en las dobles y triples cargas. Y todas las demás cosas de las cuales, por desgracia, ya hemos hablado y seguiremos hablando.

Se elimina la parte femenina al reducir a las mujeres a la imagen que los hombres encuentran deseable. Unos cánones imposibles que prometen, una vez alcanzados, recompensar con amor. No el amor romántico, sino el reconocimiento, el cariño, la aceptación. Y que lo único que pueden traer, es el sometimiento al deseo masculino, que una vez lo tome, olvidará. Si con suerte puedes adaptarte a estos cánones y no mueres en el intento, presa de un transtorno alimentario o en un quirófano de cirugía estética.

Se elimina la parte femenina cuando surge cualquier tipo de violencia contra las mujeres: sexual, reproductiva, económica, moral, psicológica…

Se elimina la parte femenina en la legislación, en cualquiera de sus ámbitos.

Se elimina la parte femenina (si es que alguna vez estuvo), en la política. Las pocas mujeres que hay en ella, terminan comportándose como hombres, puesto que el sistema está establecido así. Ni rastro de feminidad en sus actuaciones.

El principio de generación implica una mitad masculina y una mitad femenina. Si matamos la feminidad, no sobrevivirá nadie.

 

Ídolos Caídos.

Hoy he comido con un ex. Mi ex más reciente. En realidad no sé si es un ex, ya que de hecho, no empezamos nada, pero se enredó en mi vida durante más de medio año. Si, creo que lo llamaré ex.

Procuré darle todo lo que podía. Él no me dio mucho a cambio. Las últimas veces que coincidimos, ya ni siquiera se esforzaba por mostrarse amable conmigo. Bueno, estas cosas pasan. No es la primera vez. Me gustaría que fuera la última, pero bien, tampoco me quita el sueño. No es agradable experimentar el que alguien pase olímpicamente de ti, cuando te has esforzado y has conservado la ilusión. Pero eh, bienvenidos al siglo XXI.

Cuando te das cuenta de que ya no importas un pepino, duele. Y más si no ha habido una conversación clarificadora por medio. Organizada que es una y no se entera si no le dejan las cosas bien claras. Parece ser que eso es mucho pedir. Repito: bienvenidos al siglo XXI.

Pero ¿sabéis lo que más duele?. Lo que de verdad duele es tenerlo sentado al lado y pensar “¿Por qué me atraía?” Como todo el mundo, tiene cosas buenas y cosas malas. Supongo que la ilusión y el gusto por su compañía, le daban demasiada importancia a lo bueno. Pero cuando oigo sus chistes, con los que antes me reía, y ya no me hacen gracia, o lo miro y ese aire que tenía que lo hacía único ya no está, o sus argumentos estúpidos que antes justificaba, ya son una verdadera molestia, eso… eso sí duele.

Duelen muchas cosas.

Y mala que es una… pero lo que más me duele, es que a él no le duela y a mí sí.

¿Con qué pie te has levantado hoy?

He mandado un mensaje a varios contactos de whatsapp. Es una cadena de estas de reenviar a diez contactos. No suelo hacerlo, pero esta me ha parecido tan linda, tan bonita, tan inocente y tan sincera (y me ha pillado con un ánimo inmejorable) que he dicho, “venga, qué demonios!”. La he mandado a varias personas. Unas, me han reenviado de vuelta el mensaje (era condición sine qua non), otras no. Tres, porque sé que se habrán sonreído para sus adentros, pero son muy duras para tanta finura. Da igual. Las quiero por eso. De hecho, me habría sorprendido mucho que lo hicieran. Porque somos amigas y nos conocemos mucho. Otro, porque no creo ni que la haya leído hasta el final XD. Y otro, que de vez en cuando me manda una cosa de esas (y yo respondo enseguida, porque me encantan estas chufas), no lo ha hecho. Me ha dejado así, en visto, en cruel doble check. Ese sí me ha jodido. Una tiene que medir su finura con determinada gente, porque nunca sabes con qué pie se ha levantado. Ahora mismo le contesto a ninguna mierda que me mande.Venganza cruel y ridícula XD.

Me ha dado por pensar en la única defensa que nos queda cuando alguien nos decepciona. Solemos decir:

  • Con lo que yo he hecho por ti…
  • Después de X años…
  • Con la de veces que yo…
  • Si lo sé no hubiera…

Y seguro que podemos añadir más a la lista.

Dicen también que contra el vicio de pedir, está la virtud de no dar.

Qué ridículos parecemos a veces haciendo esto… bueno, diciéndolo. Exteriorizando nuestro malestar apelando a hechos pasados, que posiblemente nos hayan costado un esfuerzo o nos hayan supuesto un sacrificio (a veces muy grande: véase el punto 2 de la lista…). Y nuestra única defensa frente a un desaire es un triste lamento, mientras el que ofende se queda tan pancho…

No hagáis eso, que está muy feo. Ofender o despreciar… que luego los ofendidos sólo tienen el triste y amargo consuelo de un lamento ridículo. ¿Y sabéis qué? que un día es un lamento y una queja. Otro día, puede ser que se vayan definitivamente sin mirar atrás.

No tengas sentimientos.

¿Qué diría hoy un coach en 2017 de esta canción grabada en 1983? Pues yo creo que diría algo así como: LA CULPA ES TUYA, FRACASADO!! Si es que tienes menos inteligencia emocional que una mata de habas, no tienes una actitud positiva frente a los problemas del día a día. Haz mindfulness y meditación, deshazte del apego emocional, sé autónomo y asertivo. Y no tomes decisiones en base a tus carencias emocionales que luego te pasa lo que te pasa.(Volved a leer la frase en mayúsculas).

Bien… llevo tanto tiempo dudando entre el nihilismo más oscuro y esa estúpida corriente positiva que ya dudo de quién soy. En esta sociedad, todo el mundo da su opinión sin tener ni puta idea de cómo eres en realidad, así, a lo loco, sin tener en cuenta la diversidad de existencias y lo que es peor, sin ser conscientes de su propia y maravillosa diversidad. Y lo que es muchísimo peor aún… sin hacer un mínimo esfuerzo para descubrirlo. Venga, (ironic mode on) vamos a movernos todos por estereotipos, no profundices jamás en el alma del humano que tienes delante, no sea que acabes como el ser sobre el que cantaba Coppini, sin contemplar los miles de millones de colores que van del blanco al negro. Sé un ente contradictorio que pregona valores pero bajo la bandera de una libertad mal entendida, e incurre en contradicciones irresolubles que trata desesperadamente de conectar para imprimir un mínimo de sentido a su existencia. Y sobre todo juega. Nunca te excluyas del juego social. Aunque eso signifique apuñalar almas. Nunca descubras debilidades: no busques cariño y comprensión, porque eso cortará tus alas. No busques conexión, porque supone el fin de la novedad y ya sabes que lo válido es sinónimo de efímero. No eches jamás raíces, porque eso significa la muerte en vida… Sé auténtico, pero auténtico como un anuncio de El Corte Inglés. No tengas sentimientos, que son el diablo. Y si por un casual, empiezas a tenerlos, mátalo todo rápidamente con una tonelada de antidepresivos.

En un periodo relativamente corto en el tiempo, hemos sufrido unos cambios brutales. Lo que nos enseñaron de niños a mi generación,ya no sirve. Y muchos vamos por ahí como pollos sin cabeza, tratando de sobrevivir mental y emocionalmente, buscando eso que nos juraron que pasaría si nos portábamos bien.

Si, al final creo que vamos a tener la culpa… por gilipollas. Pero también es un juego “perder-perder”, un perfecto escenario invencible, y lo sabemos. Unos, de forma consciente. Otros, sólo pueden intuirlo. Al final, el personaje de la canción, a día de hoy debería estar muy agradecido de tener un trabajo bien retribuido y quizá a alguien de buen parecer a su lado. La otra opción, quizá no le hubiera gustado tanto.

“El azul del mar inunda mis ojos,
el aroma de las flores me envuelve,
contra las rocas se estrellan mis enojos
y así toda esperanza me devuelve.
Malos tiempos para la lírica.

Las ratas corren por la penumbra del callejón,
tu madre baja con el cesto y saluda,
seguro que ha acabado tu jersey de cotton
…puedes esbozar una sonrisa blanca y pura.

Malos tiempos para la lírica.

Seguro que algún día cansado y aburrido
encontrarás a alguien de buen parecer,
trabajo de banquero bien retribuído
y tu madre con anteojos volverá a tejer”

https://www.youtube.com/watch?v=xAYUO0QeqUk

Esos instantes…

Muchas mañanas me despierto y lo primero que pienso es “¿Qué ha pasado?”. Realmente no debería darme tanta prisa en intentar reaccionar y posicionarme en el mundo. Estaría bien disfrutar un poco más de esos momentos de “No sé quién soy ni cómo me llamo”. Total, la información, la lista de tareas pendientes del día y demás pensamientos obligatorios, aparecerán por sí solos, devolviendo a mi mente a la realidad sin necesidad de forzarla.

De hecho, hay días que ese momento en el que tomas conciencia de hechos ocurridos anteriormente, puede joderte a base de bien el despertar. Cuando arrastras una situación que se prolonga en el tiempo y te preocupa mucho, por ejemplo. O cuando estás triste, o cuando te han traicionado… Cuando tienes más despertares así, que de esos que dices: qué tranquilidad… hay que hacer algo.

 

No te detengas. Walt Withman

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

WALT WHITMAN